Poesía empresarial

Ya nada será como antes

Era de cambio y bandazo,
y pasado el estupor...,
de pegarnos el gustazo
y después del zurriagazo,
capturar un pantallazo
y salir dando un portazo
de la zona de confort,

Pues la ventura es muchacha
azarosa e inconstante:
Primero te enseña las cachas
y luego te hace el desplante.
Hasta quien vive sin tacha
habita en un circo ambulante.

Si la rutina se agacha,
coge el petate y se marcha
ya nada será como antes.

Al abuelo Trueba II (o el rey depuesto)

Hoy se subió al estrado
y ha puesto firmes a todos.
Hoy de nuevo ha demostrado
que para salir airado...
hay que aguantar al mono.

Y después de tantos años
ya casi nada le enerva,
conduce bien al rebaño
con sus vocablos de maño
y enamora a la caterva.
Y en el último peldaño
se siente un coacher huraño
como aquel rey de la selva.

Y entonces llega a su casa
y arroja su maletín,
allí se apoltrona y descansa
encima de su cojín,
y advierte unos ojos con guasa
en rostro de querubín.

Y repara en que no sabe nada,
y que esta vida cretina
vale solo por las babas
que este viejo tragaldabas,
mientras ella le miraba,
soltaba por las esquinas.
Y con la cabeza agachada
hacia la niña se inclina,

Y le dice:¡Te esperaba,
tú debes de ser Cristina!

Al abuelo Trueba I (o las lágrimas de Charles Bronson)





Él iba de tipo duro,
de director de orquesta,
un tío de esos, te lo juro,
que te daba cierto apuro
te sacara a la palestra.

Usaba unas gafas raras,
no sé de dónde las trajo
y deslizaba su mirada
mientras te escaneaba
entero de arriba a abajo.

Él iba de tipo duro,
dando las clases en Otto,
y no cometo perjuro
si hoy afirmo y aseguro
que es una flor de loto.

Él iba de tipo duro,
de Charles Bronson sempiterno,
hasta que un buen día el muro
quebró frágil e inseguro
cuando a este mundo, inmaduro
llegó el segundo Guillermo.