Ahora desde el banquillo
veo a los jóvenes jugar,
y cruzo los dos dedillos
por si me quieren sacar,
mas ya no soy un chiquillo
y los veo desconfiar.
El tiempo pasa sencillo,
el árbitro va a pitar,
y miro por el rabillo
que el tiempo se va a acabar.
Al cabo, enciendo un pitillo
y los espero en el bar.
Y mirando para atrás
veo que lo más valioso
quizás no fuera el café,
si no que fueran los posos.
Me quedo con los amigos
que una buena tarde hice,
me quedo con esa gente
que me quisieron y quise,
con aquellos que te aprecian
y lo malo también dicen,
con los que quedan arriba
después de que yo tamice.
Pa' disfrutar las caricias
hay que llevar cicatrices.
Poesía empresarial
Mientras alguien te recuerde
El otro día a la mesa, sentado con un amigo, se me quedó en la cabeza la idea que ahora te digo. Hay libros, canciones o cuadros que siempre estarán presentes. Huelo el humo de un cigarro y siempre me acuerdo de gente, pues cada puerta que yo abro me lleva hasta la siguiente. Y como aquellos cacharros que se hacían con el Tente, a recuerdos yo me agarro que me vienen a la mente, y duran como el lagarto que duerme en el aguardiente. Y creo que al que se quiere es alguien que no se pierde, y creo que uno nunca muere mientras alguien te recuerde.
Si me echas de menos o más…
Si me echas de menos o más
espérame allí en la esquina
del que era nuestro bar
dónde te encontré aquél día
en que paré al verte entrar
oculta en tu gabardina.
Y allí junto al cenicero,
dejamos los viejos dardos,
y con un guiño sincero
salimos del agujero
cuando a ojo de buen cubero
deberían rondar las cuatro.
Y dejamos aquél cobijo
mientras tú me hacías volutas.
Y el segurata me dijo:
¡Has triunfado, hijo de puta!

