Poesía empresarial

Oda a una bola de golf

Ayer mi amigo Carlos,
jugando nuestra partida,
me dejó una bola azul

Y la cogí sin pensarlo...
la mía estaba perdida,
¿Qué hubieras hecho tú?

Solo sentirla en mi mano
ya sentí un escalofrío
que las entrañas me helaba

Y vi que al lado mío,
mi amigo Carlos, ufano,
un ojito me guiñaba

No entendí nada entonces,
mas mi juego mejoraba
y empecé a pegar bolones,

Sería por el hoyo once
y noté que me miraban
con respeto los guasones,

Y era la bola en cuestión,
la que aquel cambio me hizo,
yo seguía siendo un mojón,
pero encerraba un hechizo

Resulta que esa bola
guarda dentro de ella,
algo que, por si sola,
hace la vida más bella

Y fue que con mis colegas:
El Chito, el Carli y el Sot,
¡A ver quién le pone pegas...!
¡Jugamos en el Old Course!

Lleva dentro esa bola
olor a hierba y a mar,
búnkers de esos que molan
imposibles de salvar,
cuatro duchándose en bolas
sin dejar de tiritar,
bolas que no ruedan solas
si un perro no quiere ladrar,

Maletas con dineros
que se dejan olvidadas,
y aquel amigo sincero
que viene sin decir nada,

Que conduce contigo
esperándote delante,
y te dice: ¡Yo te sigo,
pero encuentra ya el volante!

Single que sólo viaja
y ve los demás en pareja,
y siendo un tio con clase

Ni en sus horas más bajas,
no emite una sola queja
y nadie le vio lamentarse,

Amigos que hacen brindis
sin que haya un solo roce,
y yo haciendo mi birdie
allá donde el hoyo doce

Pues esta bola encerraba
todos estos recuerdos,
creo que no voy a jugarla,
si no, ...seguro la pierdo


A José Luis Cantero, 56º (el último Español)

Era un Marqués de la Caza,
un cacereño de raza
que si el Madrid marca un gol

se disfraza de comparsa,
no vuelve en dos días a casa
y va cantando el Cara al Sol

Su Beretta siempre a punto
por si es tiempo de zorzales,
culpable... solo presunto
de estar aún en sus cabales,
y si tengo un día chungo
te dice lo mucho que vales

En un imán de la nevera
tiene a Millán-Astray,
A Bernabeu en la cartera
por si la liga ganáis,
y te digo que es, de veras,
un vendedor de primera,
de esos que ya no hay,
si lo encontráis por la acera,
por favor lo saludáis.

A Curro Miñana (o el orgullo del chino)

Siempre detrás de sus gafas
te recibe una sonrisa.
Siempre que puede te atiende
sin pausa pero sin prisa.

Con una cara de niño
y hechuras de reposao,
te recibe con un guiño,
y al entrar ya te ha ganao.

Aunque esté lleno el estudio,
por un resquicio se asoma,
sin prefacio ni preludio,
él te atiende en cero coma.

Reza un proverbio chino
que un hombre que no sonríe
no debe abrir una tienda.

Yo voy a FOTO MARBELLA
desde antaño, sine die,
y a mí no me duelen prendas.

Tu padre estará orgulloso
de haberte enseñado todo
y tener un buen relevo.

Y saber que aquél mocoso
que no le llegaba a los codos
ya por sí remonta el vuelo.