Ir colocando los platos,
dar el primer empujón,
que sea un firme alegato
y que no quede en conato
... sino en una decisión.
El arte de colocar
con un hilo de templanza,
mover y volver a girar,
ser paciente y confiar
en la ley de la balanza.
Retirarse a contemplar,
ser fuerte y saber esperar
y no perder la esperanza.
Creer en la luz al final,
que siempre estuvo, en verdad,
aguardando en lontananza.
El tigre que ruge dentro,
el público desde fuera,
chillidos, risas, lamentos,
el circo es un esperpento
dentro de una chistera,
El domador se introduce
en la jaula con sigilo,
se pone su traje de luces,
se encara al tigre de bruces
como una tragedia de esquilo,
Y tirando de recursos
va moviendo al animal,
sabiendo que solo un iluso
creería que no es un recluso
hasta que llegue el final,
Sabiendo que solo sereno
podrá mantenerse a flote,
que una cosa es ser torero
y que otra es ser carajote,
y si a veces tienes miedo,
que el tigre no te lo note.
Ya se ha quitado la bata
y se ha subido al trapecio,
y aunque la edad lo delata,
es solo una fe de erratas,
un fallo al marcar el precio,
Consciente que si la espicha,
ya sabe lo que le espera:
Otro que halló la desdicha,
otro cuerpo hecho salchicha,
otro fiambre en la acera,
Pero él confía en sus fuerzas,
el valor nunca le falta,
espera que nada se tuerza,
que le abran una puerta,
suelta el trapecio... ¡Y salta!