Poesía empresarial

A Javier Leal (o el hijo que siempre quiso Lopera)

Si a mi me saliera un Genio
en mitad de mi camino
como un día por medio
se le apareció a Aladino

Y me diese tres deseos,
los tres que yo quisiera.
Le diría: ¡No me lo creo!,
pero venga, ahí los llevas.

No pediría dinero
y mira que me hace falta.
Prefiero tener más pelo
y llevar la frente alta.

Y aunque no tengo complejos,
puestos a haber pedío...
Mirarme frente al espejo
y decir ¿todo eso es mío?

Mas lo que siempre envidié,
lo que añoro de verdad
realmente fue la cabeza
que tiene el Rafa Nadal.

Eso hasta hace poco tiempo,
que es la risa de un amigo
te lo juro y no te miento
lo que ahora más persigo.

La risa de Javi Leal
que salió de una leucemia,
y es cierto que a veces Dios
a la buena gente premia.

A Olga, 50º

Su Andrea y su Sabrina,
su Luisito y su Quirón,
y como decía Sabina,
envenenada medicina
es para ella su pelón.

Quita y cambia pañales,
da papilla y cambia suero
a clientes con dinero
pero con pocos modales.
Mas su cuidado sincero
es pa´ su enfermo postrero:
un padre y un caballero
que le dio amor a raudales.

Hoy cumple cincuenta tacos
y va al curro con pereza.
La segunda parte empieza...,
pega un buen par de arrumacos
y abre un buen par de cervezas,
que el tiempo es un gran bellaco
que escapa con sutileza.

Escollos (a l@s que están)

Lo último que queda es la palabra,
pues es lo que más fuerte te traspasa,
lo que hace que la herida no se abra
y lo que siempre te perfora la carcasa.

Por eso cuando tú a alguien recuerdas,
sus fotos van y vienen en cascada,
pero siempre se agarran a tu izquierda,
para que tu corazón nunca las pierda
sus frases y palabras, ¡qué putada!

Por eso yo, pensando en mis colegas,
aquell@s que se salvan de la quema,
siempre llevo a mano en la talega
dos versos, cuatro ripios y un poema.


Por eso si el Quijote cae al hoyo
se rodea de sus amigos verdaderos,
se junta con el cura y el barbero
y el bueno de su amigo Sancho Panza,

y ahora yo, disperso en el embrollo,
valoro a quien me da un punto de apoyo,
valoro a quien me dice: ¡Hay escollos;
pero tú no pierdas nunca la esperanza!