Poesía empresarial

Al Bar Fiesta del Mercado

En los altos del Mercao
un local haciendo esquina,
un grifo de birra helao,
nueve guiris ennortaos,
nueve caras que alucinan
de ver que lo que han pagao
bajo un cielo soleao
pa lo que están acostumbraos
no llega ni a la propina,

camareras pululando,
a veces hay música en vivo,
el arroz lo están sacando,
el sol que sigue pegando,
a aquellos le están cobrando,
cariño me voy acercando
a ver si una mesa consigo,
y tú ve también empujando
que yo sé lo que me digo,

y es como aquella cantina
en la que paraba Han Solo,
pero no tiene cortina,
lo petan en la cocina
y a veces hasta hacen bolos,

es lo que el poeta opina,
no hay fraude, ni engaño, ni dolo.




El Tito Marcos quiere brisa

El Tito Marcos quiere brisa,
y volver a Santa Fé,
catorce millones de pizzas,
dos mil quinientas sonrisas
y tres pizzerías después,

quiere volver a su origen
y andar por su condominio,
hay cosas que no se eligen,
que simplemente se dicen
y que se hacen vaticinio,

jugar allí al dominó
mientras vuelcan el tablero,
y preguntar ¿qué pasó?,
¡nada, alguien disparó!
y volver a jugar de nuevo,

quiere volver a su casa,
donde era un niño rechoncho,
ya no quiere hacer más masa,
quiere llamar cuando pasa
libre un tipo en motoconcho.

A Andrés Ruíz, el niño

Hay gente que tiene un mote
porque alguien lo cuadró,
gente que sin que lo note
sigue siendo un chavalote
sin que los años le azoten,
cual figura de Lladró,

siempre cubre su cabeza,
tiene cara de erudito,
se sienta tranquilo en la mesa
y espeta con sutileza:
¿tus tres lugares favoritos?

y hay gente que siempre es vieja
y hay gente que nunca crece,
y no lo digo como queja
sino con la envidia perpleja
que siento por alguien a veces,

un niño siempre festeja
y esta vida la enriquecen.