Te levantas de mañana, hoy empieza otra jornada, tengas o no tengas ganas, pones tu sonrisa ufana porque no te cuesta nada,
tiras pa la oficina o a la calle del tirón, te cambias en la cabina, eres Clark Kent con gomina, con tu traje y tu mechón,
lidias con los clientes, recoges catorce NO, y tiras para el siguiente llevando alta la frente porque es tu profesión, y aquí el que no calla miente, pues vender, vendemos tós,
dos llamadas de tu jefe y un reporte en el coche, tres clientes que se quejen, dos que tirado te dejen y tú sin hacer un reproche,
y así hasta que llega la tarde, y das al traje una plancha, y aún hay gente cobarde que dicen con mucho alarde que lo nuestro es molestarles, y que se queda tan ancha.
Él es un Tornasol, como aquel cachondo profe, alto como un farol, un figura en sí bemol que te gana con el roce,
ella es la marca serena que siempre lleva esa i, si no está metida en faena creando logos que estrena te crearía una Marca a ti,
tienen dos coches pequeños que aparcan como vagones, y un niño siempre risueño, que pone todo su empeño en que el Profe y la Seño den ese trato hogareño cuando trae sus polizones,
no me olvido de los perros porque son una pasada, son entrañables gamberros, pero aunque creo que no yerro, Jackson y Oslo riman nada,
y en una casa con curva, cinco personajes duermen, los más chulos de la Urba, disculpen se los presente.