Poesía empresarial

El Vendedor

Te levantas de mañana,
hoy empieza otra jornada,
tengas o no tengas ganas,
pones tu sonrisa ufana
porque no te cuesta nada,

tiras pa la oficina
o a la calle del tirón,
te cambias en la cabina,
eres Clark Kent con gomina,
con tu traje y tu mechón,

lidias con los clientes,
recoges catorce NO,
y tiras para el siguiente
llevando alta la frente
porque es tu profesión,
y aquí el que no calla miente,
pues vender, vendemos tós,

dos llamadas de tu jefe
y un reporte en el coche,
tres clientes que se quejen,
dos que tirado te dejen
y tú sin hacer un reproche,

cuántas llamadas hiciste,
cuántos clientes compraron,
a cuántas empresas viste,
¿el objetivo cumpliste?,
dime porqué anularon,

y así hasta que llega la tarde,
y das al traje una plancha,
y aún hay gente cobarde
que dicen con mucho alarde
que lo nuestro es molestarles,
y que se queda tan ancha.







A Patricia Alegría y Teo Ortega, la i completa.

Él es un Tornasol,
como aquel cachondo profe,
alto como un farol,
un figura en sí bemol
que te gana con el roce,

ella es la marca serena
que siempre lleva esa i,
si no está metida en faena
creando logos que estrena
te crearía una Marca a ti,

tienen dos coches pequeños
que aparcan como vagones,
y un niño siempre risueño,
que pone todo su empeño
en que el Profe y la Seño
den ese trato hogareño
cuando trae sus polizones,

no me olvido de los perros
porque son una pasada,
son entrañables gamberros,
pero aunque creo que no yerro,
Jackson y Oslo riman nada,

y en una casa con curva,
cinco personajes duermen,
los más chulos de la Urba,
disculpen se los presente.