Poesía empresarial

Al Faro de Marbella

Justo encima de el Puerto
hay quien mira con descaro,
con un ojo siempre abierto,
de día y de noche despierto,
... estoy hablando de el Faro,

tiene un pijama a rayas,
mitad rojas, mitad blancas,
solo observa, siempre calla,
una luz que nunca falla
y una mirada franca,

un cíclope siempre atento,
una luz hecha de espejos,
un vigía de los vientos,
un testigo a sotavento,
y un marbellero viejo,

y en los bajos de la torre,
la verdad es una pena
que el partido en el gobierno
no haga un local interno
donde alguien lea un poema.

A la Torre del Cable

Hay en mi pueblo una torre
que no está en ningún castillo,
está sobre el agua salobre
de una playa donde corren
desde siempre los chiquillos,

creo que tuvo dos hermanas,
pero ahora está ella sola,
a la altura del Banana,
cerca de una bocana
y entre el ruido de las olas,

es vestigio de un pasado
y es icono de un presente,
de un pueblo que la ha indultado,
y el sitio donde han llevado
las cenizas de mil gentes,

tiene sabor salado...
y tiene a Marbella enfrente.




A Claudia, 20º (si ves a Aquiles)

Decía el famoso tango
que veinte años no es nada,
y yo aquí mientras tanto
iba de cuando en cuando
viendo cómo cambiabas,

cómo te hacías mayor,
cómo cogías soltura,
cómo ibas a mejor,
cómo con prueba y error
te ibas haciendo madura,

cómo te ibas a estudiar
cómo hacías las maletas,
cómo mueves la amistad,
cómo es que siempre estás,
cómo es que siempre lo petas,
cómo es que haces verdad
las palabras de un poeta,

y después de 20 abriles,
andas sola por Atenas,
si ves al bueno de Aquiles,
y tienes un rato, dile
que te hice este poema,

aunque diez mil versos juntos
no podrían nunca decirte,
que aunque a veces me pregunto
si soy culpable o presunto,
desde el día en que naciste
yo ya cumplí en este mundo.