Poesía empresarial

A Mónica Vallejo, 50º

Hoy llega a la quinta planta
aquella niña "piojosa",
que tanto La Línea le encanta,
y que Ana dice tantas
veces que es muy graciosa,

al final no tuvo fiesta
y lo intentó varios meses,
simplemente está pospuesta,
en cuanto consiga la orquesta
y los mellizos regresen,

se queda con sus amigas
y con su futuro yerno,
y con un juglar fatiga
que a veces la castiga
con los versos de un cuaderno,

que disfrutes los cincuenta,
coge habitación con vistas,
porque el tiempo ya descuenta,
y algunos vamos a tientas;
mas tú eres equilibrista.

A Manuel Carrasco, o los versos de Cupido.

Lo conocí en un concurso,
mucho antes de la pandemia,
y fue ganándose a pulso 
el ¡hoy tampoco te expulso!,
y ¡sigues en la Academia!,

no tuvo duda ninguna
que en la música él entraba,
y no es porque él presuma,
es que en una canción de cuna
su madre se lo cantaba,

hoy llena en los conciertos,
con entradas agotadas,
y termina medio muerto,
este choquero despierto
que apostó por "todo o nada",
y que en este mundo incierto
vive hoy,  y no mañana,

me gusta cuando canta 
y más aún cuando habla,
o destroza la garganta
o habla y te toca el alma,
cuando versos que te calman
él desliza entre palabras,

y dicen que Dios en el cielo,
entrando, a mano derecha,
disfruta como un abuelo,
contento de aquel mozuelo
que lleva el arco y la flecha,

para sanar los desvelos
de esta sociedad maltrecha.




A Andrés Gamino, que nunca descolgó.

En esta jodida vida
hay quien cruzó tu casilla,
se te metió en la partida,
puso su ficha encima
y así desde la Salida,

quien no tiene que llamarte
porque nunca descolgó,
y quien tuvo todo el arte
de tomar prestado parte
de un trozo del corazón,

y cuando esto al fin termine
y pase en diapositivas
tu vida como en el cine,
no hace falta que adivine
que será una llamativa,

y puede que rebobine,
y la pondré en las de arriba.