La quiero

La quiero porque es sencilla
y ella nunca te defrauda,
yo a su lado soy colilla,
más quemao que las gomillas
que servían de patilla, a
las gafas de Niki Lauda,

la quiero desde hace mucho,
la verdad ya ni me acuerdo,
como la trucha al trucho,
cuando era un niño flacucho,
y un día nos dimos un muerdo,

la quiero porque me aguanta
y a cambio no pide nada,
por su garbo y por su planta
porque le gusta y le encanta
el agua del mar salada,

la quiero porque un buen día,
siendo aún dos niñatos,
en un bloc que yo tenía
me escribió unos garabatos,
que eran aquella poesía
que Benedetti escribió un día,
esa de HAGAMOS UN TRATO.













A Madrid, el gigante dormido

Abejas que vienen y van
dentro de una colmena,
cada una con su plan,
cada una en su zaguán
cada cual con su faena,

cuatro millones de abejas
pululando por sus calles,
mientras la vida refleja
la prisa sobre las tejas
si no te pierdes detalle,

Madrid es gigante dormido,
que mejor si no despierta,
a gusto con sus ronquidos
después de comer cocido
con la boca medio abierta,

para todo hay que esperar,
y lo hacen sin pereza,
para comer, para andar,
para abrir, para cerrar,
para pedirte en un bar
un vermú o una cerveza,

el mejor mercao de España,
tres vuelcos en Cuchilleros,
... La Latina, Malasaña,
un estanque sin barquero,
y en una zona aledaña
un museo al que venero,
donde en vez de musarañas
hay cuadros pintados con maña
que tienes que ver con babero,

y en medio de todo el bullicio,
del estrés y del gentío,
tres violinistas con vicio,
tocando con arte y oficio
sus notas en el vacío,

y yo, que aún soy novicio,
y me desplazo perdío,
me apoyo en un edificio
y buscando un buen resquicio
escucho perdiendo el sentío.











A Küppers, de nuevo (ole, ole y ole)

Solo quiero que me deje,
que se olvide de mí un rato,
que cuando el tiempo despeje
y la penumbra se aleje
nos tomaremos dos chatos,

... pero no me deja solo
y a menudo me pregunta,
a ver dónde yo me enrolo,
(es más fatiga que el Cholo
cuando el contrario despunta)

... no sé porqué motivo
un día me apadrinó,
es un padre putativo
y yo su hijo adoptivo,
y nunca le digo que no,

y como sé que anda solo,
entre despegues y andenes,
hoy me salté el protocolo
y aunque me acusen de dolo
ya sabes que aquí me tienes,

y en esta vida tan p...
Víctor pasa de los genes,
y el tipo es que disfruta
la cerveza mientras viene.