A Hugo, 15 años (o vino el destino a zafarme)

Mi padre apenas conocí,
tuve hermanas, mas no hermano.
No es esta cuestión baladí
... por mucho que le pedí
a todos los Reyes Magos,
pues añoro el pedigrí
de un compañero de mano.

Amigos hay más de dos;
pero eso es otra cosa:
Te pegan un achuchón,
te coges un colocón
y a otra cosa mariposa.
Los que no son del montón,
... eso si que es afición
y me aplauden la función
si yo toreo de oro y rosa.


Y un buen día nació Hugo,
cuando estaba hecho a la idea
de quedarme en el felpudo
en un invierno bien duro
con un frío que no me veas.

Y es que a veces esta vida
aunque tú no lo mereces,
a mitad de la partida
te recompensa con creces.

Amigo de sus amigos,
generoso y responsable,
te abraza como un abrigo,
práctico por castigo...
cual archivo descargable.

Y todo el cariño que un día
mi padre no pudo darme,
y mucho más todavía...
ha venido a compensarme,
y hoy lo veo con alegría
crecer y verlo pasarme:
Se me agarra al alma mía 
y Hugo es carne de mi carne.
Raro es que no me sonría,
raro es que no me desarme.

Y de aquello que pedía...
vino el destino a zafarme.


A Andrés Gamino (o lo bueno viene en frasco pequeño)

Venía a rascarse la espalda
cuando yo tenía un Despacho,
cuando la guía aún se usaba
y éramos dos muchachos.

Congeniamos desde siempre,
malagueño y sevillano,
y aunque el móvil ya no atiende,
yo lo llevo siempre en mente
pues pa´ mi es un hermano.

Caracoles en Casa Diego
allá por Sánchez Arjona,
langostinos en el Lolo
que tenía una mano sola,
y te tiraba dos cañas 
en menos de cero coma,
y un cochinillo en Burguillos
por los tiempos de mi boda.

Ahora nos vemos poco;
pero el poso ya está fijo,
y en este mundo de locos,
cuando a ratos yo me aflijo,
y cuando a veces me enroco
y quiero buscar un cobijo,
yo llamo, quedo y convoco
a mi sabio más prolijo.