A Ernesto Grimaldi, el Moro

Se levanta no muy tarde
y se va pa´ la terraza,
el café con leche arde,
se le han empañao las gafas,

y entonces piensa mi Moro:
¡Hoy va a ser un día duro!,
le hace una foto al perro...
y ya la ha subío al muro,

se ducha, se peina y se viste,
y se pone su zarcillo,
con todo en su sitio y en ristre,
se ajusta los calzoncillos,

y el Ernesto abre el Facebook,
sin ganas, de forma adusta,
y aquella foto del perro
ya tiene 3000 Me Gusta,

hoy a su jefe le ha dicho:
¿Paco Cantos o Río Huelo?.
¡Has triunfao como los Chichos,
qué buena vejez, abuelo!

McArtney suena de fondo
entonando el Let it be,
se cuelga su Fender al hombro
mientras toca algunos rifts,

el perro, desde la puerta,
piensa con lengua lacia:
para ser un buen granuja,
primero caer en gracia,

Y aunque aún no os lo creáis,
lo que yo os cuento es cierto,
lo importante, dijo Wilde,
fue siempre llamarse Ernesto.

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A Isabel Donoso (o cuando el motor es más joven que el chasis)

Cuando la vi esta mañana
llevaba su baby a cuadros,
a cuadros blancos y azules
como un campo de gules,
como un lienzo o un retablo,

Cinco hijos, nueve nietos
e incluso ya una bisnieta,
y la ves, te lo prometo,
y es que no para quieta,
un día contará el secreto
esta abuela pizpireta,

Hoy le pedí dos cervezas,
y haciendo todo un derroche,
cumplidos ochenta y uno,

me sirvió con sutileza,
como un barman en la noche
con un reflejo gatuno,

Y allí la dejé hace poco
con su baby de cuadritos,
bordando unas papas con choco
y echándole al fuego un ojito.
Y ahora ya sé porqué Alfonso
... es un canalla erudito.

A Daniel Yagües ( Yuyu )

Creo que llegó de Madrid,
donde fundó Golpes Bajos,
cruzó las tierras del Cid
y sin chanchullos ni atajos
se convirtió en adalid
de una banda del carajo.

Le gustan Los Enemigos
(en el jergón os maldigo),
liaba cigarros de yerba,
el Atleti, sumo y sigo,
un rato con sus amigos,
las mujeres por castigo,
la política de izquierda,
la birra con o sin trigo
y la vida con testigos…
El resto es sólo una mierda.

Los tiempos del Sierra Blanca,
la mítica barra del Trébol,
y hoy a trancas y barrancas
ya no somos dos efebos:
Ya se asoman la petanca
los bastones y el canguelo.

Y hoy te agradezco de veras
aquél día que, con tu gata,
me invitaste a Las Palmeras,
me abriste cinco o seis latas,
me diste un festín de primera.

Y es que en una época ingrata
… fue brisa de primavera.