A Antonio Gámez, 58º (o el Hidalgo bombero)

Se levanta dando un brinco,
se calza sus papas con huevos,
desayuna con ahínco, por
lo que pueda venir luego,
por si pegan un respingo
si dan la alarma de fuego.

Si está libre va al cortijo
y planta mil cebolletas,
cuarenta hectáreas de mijo,
manda el "movi" a hacer puñetas
y allí a salvo en su escondrijo
disfruta bajo cobijo
este chiquillo pureta.

Otros días monta en barco
o se sube el Mulhacén,
disfruta pisando los charcos
y es en palabras parco
depende de cuándo y con quién.

Si ves que no para de hablar,
entonces te tiene en estima,
entonces lo ves disfrutar
y ser pura adrenalina,
y sabes que no va a colgar
aunque quiten la cabina.

Si hoy le tocó currar
se viste con sus galones,
manda al bombero a apagar
con cisternas y camiones,
se pone a subir y bajar
mil doscientos escalones
y luego sin respirar 
te peta un arroz sin mirar
con conejo y garrafones

Hoy cumple cincuenta y algo,
aunque los lleva con tiento.
Si pa´ alguna cosa valgo
es pa´ escribir a un Hidalgo
¡Felicidades Sargento!

A Nieves Sot, 28º (o en algún lado tiene que caber el corazón)

Nació respirando algo menos;
pero arriba compensaron,
y cuando coge un cuaderno
y su lápiz en las manos
se apaga hasta el fuego eterno,
es mariposa el gusano,
Donald Trump se vuelve tierno,
Garfio quiere a los enanos,
sale el sol en el invierno
y parece que es verano,
y hasta siento algo fraterno
y creo en el ser humano.

Nació respirando algo menos;
pero arriba compensaron,
porque un corazón tan bueno
está de bondad tan lleno
que aparta a un pulmón pal lado.

La Clase de Otilio

      A veces no puedo y me fijo,
      y veo comer a la gente,
      y calo rápido a los pijos,
      se les nota en el ambiente.

      El otro día observé
      cómo entraban elegantes,
      jefecillos de caché
      con pisacorbata y guantes.

      Uno por uno pasaban
      con aire altivo a mi lado,
      a ninguno saludaban
      Y pensé: ¡Vaya ganado!

      Y al poco entró un currito
      de los de mono y pintura,
      entró y cerró despacito
      y dijo con mucha soltura:
      ¡Buenos días!, ¡Buen Apetito!
      Quince puntos y sutura, 
      y a más de un jefecito
      aún la herida le supura.
      Como Messi en un metrito
      el tío les rompió la cintura.