Por el filo de la navaja

 Uno se sienta en la mesa,
 le ponen delante un tablero,
 … dos dados o una baraja,
 
 y luchando por su empresa,
 por su empleo o su dinero,
 estudia, labura o trabaja,
 
 y si ve que al fin progresa,
 le acude un orgullo sincero,
 aunque nunca se relaja.
 
 A veces el miedo regresa,
 un poco de modo somero,
 y vuelve a tomarnos ventaja;
 
 mas la fortuna traviesa
 me viste otra vez de torero,
 me oprime y me resquebraja,
 
 y es que esta pandemia espesa
 nos va a hacer un agujero,
 nos va a sacar las migajas,
 
 y aunque mira que me pesa,
 hoy camino, aunque no quiero,
 … bordeando la navaja.

A María Josefa Martínez (la «Pepita» que nos daba Física)

 Tenía una mirada adusta,
 parece que pueda verlo,
 de esas personas que asustan
 porque así quieren hacerlo.
 Amaba las ciencias justas…
 o exactas, ya no me acuerdo.
 
 Tenía un Renault amarillo
 para ir al Sierra Blanca,
 separado del bordillo
  darle un empujoncillo
 por si un día no le arranca.
 
 Fue dura porque quería,
 por hacerse respetar,
 supongo porque estaría
 harta de tanta hombría
 y se buscó su lugar.
 
 El curso que yo aprobé,
 rozando ya la veintena,
 me di cuenta y comprobé
 que era una mujer buena.
 Me dijo: ¡Un seis con tres,
 se ha salvado de la quema!
 Espero espabile Usted,
 y le doy mi enhorabuena.
 
 En un vórtice del cielo
 hoy le rezan un responso,
 y ya se acabó el desvelo
 del bueno de don Alfonso.