La Clase de Otilio

      A veces no puedo y me fijo,
      y veo comer a la gente,
      y calo rápido a los pijos,
      se les nota en el ambiente.

      El otro día observé
      cómo entraban elegantes,
      jefecillos de caché
      con pisacorbata y guantes.

      Uno por uno pasaban
      con aire altivo a mi lado,
      a ninguno saludaban
      Y pensé: ¡Vaya ganado!

      Y al poco entró un currito
      de los de mono y pintura,
      entró y cerró despacito
      y dijo con mucha soltura:
      ¡Buenos días!, ¡Buen Apetito!
      Quince puntos y sutura, 
      y a más de un jefecito
      aún la herida le supura.
      Como Messi en un metrito
      el tío les rompió la cintura.

Por el filo de la navaja

 Uno se sienta en la mesa,
 le ponen delante un tablero,
 … dos dados o una baraja,
 
 y luchando por su empresa,
 por su empleo o su dinero,
 estudia, labura o trabaja,
 
 y si ve que al fin progresa,
 le acude un orgullo sincero,
 aunque nunca se relaja.
 
 A veces el miedo regresa,
 un poco de modo somero,
 y vuelve a tomarnos ventaja;
 
 mas la fortuna traviesa
 me viste otra vez de torero,
 me oprime y me resquebraja,
 
 y es que esta pandemia espesa
 nos va a hacer un agujero,
 nos va a sacar las migajas,
 
 y aunque mira que me pesa,
 hoy camino, aunque no quiero,
 … bordeando la navaja.