A Mario Nieto, 50º (o esa entrañable alimaña)

Era un tipo vivaracho
que pasó siempre de todo,
y la vida, cacho a cacho,
la fue mordiendo a su modo.

No aceptó ninguna regla,
nunca estuvo sometido, 
siempre fue un tipo vivo, 
que tocó siempre las teclas 
como a él en gana le vino.

¡Todo asunto es negociable, 
depende de cómo enfocarlo! 
nos decía siempre en la barra, 
¡Siempre la vida sigue!...

Aún me parece que hable, 
y que lo siga escuchando 
compartiendo cuatro jarras 
al compás de las guitarras 
escuchando Los Rodríguez.

No le faltaron mujeres,
ni enemigos, ni comida. 
Siempre tuvo pa una sopa, 
y una caja de papeles
pá liarse uno en la boca, 
y a veces algún Cohiba.

Dónde andará me pregunto;
si seguirá vivo o muerto... 
Apuesto que sigue en el mundo 
pues era todo un experto.

Espero que el día que muera 
San Pedro en un sitio estrecho 
le haya puesto una litera.
No es justo dejar afuera
a los que van por derecho 
y los ves venir de veras.

Nunca tuve yo el valor
de decirle que era un mago. 
Que él siempre fue mejor
y que hizo mil estragos. 
Que él nació con un don
para pocos reservado.
Así que es justo que yo
de ti me deshaga en halagos. 
Siempre fuiste tú un señor
y hoy sobre ti yo me explayo. 
Conocerte fue un honor...
y yo hoy mis cuentas pago.

El sol de febrero (eso sí es arte)

Es fácil tener todo hecho,
vivir sin que falte el dinero,
saber que si falta un pertrecho
seguro que habrá en el ropero,
no conocer qué es "estrecho",
que nunca te pongan un pero,
ser sequoia en vez de helecho
cuando pisan los senderos.

Difícil es ir por derecho,
trabajar de camarero,
vivir y dormir al acecho,
saber que te acucia el casero,
la gente que no tiene techo,
ser colilla en cenicero,
ser de un Quijote maltrecho
su amigo y su fiel escudero.

Y al levantarme del lecho
he de quitarme el sombrero.
Después de tanto repecho
que tuvo la cuesta de enero,
doy las gracias y aprovecho
esos rayitos certeros.
¡Qué arte, y qué satisfecho
que estará el sol de febrero!

Al Camino de Santiago (¡Buen Camino!)

Si estás que no puedes más, 
si estás con mucho trabajo, 
búscate un par de semanas; 
tú hazme caso, carajo.

Si te has quedado en paro 
y no sabes pá donde tirar, 
te propongo yo un viaje 
que te lo va a remediar.

Si te separaste tú
o se separó tu pareja, 
ve preparando el petate 
y deja de poner quejas.

Si saliste de algo chungo 
y lo quieres celebrar,
sé de un plan acojonante 
que no podrás mejorar.

Si te ha dejado tu novio
o te ha dejao tu parienta, 
búscate unas buenas botas
y no le des ya más vueltas.

Vete a hacer el Camino, 
el Camino de Santiago. 
Yo cuando tengo tiempo 
es lo primero que hago.

Tú solo tienes que andar.
Da igual sino estás en forma. 
Poquito a poco tu irás 
moldeándote la horma.

Tú te marcas cada etapa,
podrás andar mucho o poco. 
El tiempo que pases andando 
lo agradecerá tu coco.

No estamos acostumbrados
a pasar horas y horas 
pensando tan solo en nada, 
mientras a ti mismo te exploras.

El coco se resetea,
el estrés se va alejando, 
mientras tú, pueblo tras pueblo, 
tras de ti tú vas dejando.

Da igual si es el Francés 
o es el camino del Norte, 
si vas solo o con amigos 
o si vas con tu consorte.

Lo importante es que te lleves 
a alguien que lo disfrute.
Si lo vas a pasar mal
no merece la pena el tute.

Conocerás alguna gente, 
que si merece la pena,
te acompañará siempre: 
como la sangre en tus venas

La gente que allí conoces 
está en su estado más puro. 
Un amigo que hagas allí,
lo tendrás siempre seguro.

Tu único problema,
la única preocupación,
es saber si pá esa noche 
tendrás pa dormir colchón.

Ya sea en hotel tú solo,
o en albergue con literas, 
te levantarás como nuevo, 
mejor de lo que te esperas.

Y después del desayuno, 
con tu mochila colgada, 
empezarás la jornada 
pensando en nada de nada.

Y así llegarás a un pueblo
o a cuatro casas pegadas
a pedirte otro café
con un buen par de tostadas.

Seguirás un rato andando 
pensando que es una delicia 
que en todos los bares del norte 
haya Estrella de Galicia.

Le pegarás un buen sorbo, 
y pensarás, te lo juro,
que los mejores placeres 
siempre costaron dos duros.

A coger mochila y botas 
yo desde aquí te animo,
y si al final me haces caso, 
te deseo ¡Buen Camino!