A Victoriano, el más Seguro de Palencia

Con gorra en lugar de yelmo
y con su serio semblante,
andando en noche oscura,
aquel caballero andante
nos dio compañia y charla
con su hablar harto elegante.

Caminaba con Adidas
y frisaba los sesenta.
De Pedrouzo en la salida
lo encontramos en la senda;
la luna ya en su guarida...
y él guardaba su linterna.

Una mezcla entre Rajoy
y don Karlos Arguiñano.
Un Señor de los que hoy
no sueles tener a mano.

Apareció justo el día
en que a Santiago llegamos.
Me brindó su compañía
mientras mis miedos oía,
y me dió consejos sanos.

Lo imagino allí en Palencia
haciendo su caminata;
preparando con paciencia
su tortilla de patatas;
y esperando lo releven,
y por Allianz ya no vaya.

Yo deseo que mi tocayo
por Liébana o por Gijón
sus pasos de nuevo azuze.

Y mientras yo ya me callo,
de nuevo alguna ocasión
algún Camino nos cruce.

Almas Amigas

      Y alguna vez esta vida;
      pero muy, muy pocas veces,
      a mitad de la partida
      te recompensa con creces.

      Y te cruza un alma amiga,
      que a la tuya se te pega,
      pa' que si quieres la sigas,
      y si no, pues ahí la llevas.

      Y es que hay gente sin casulla
      que sientes que te traspasa,
      y que entra dentro tuya
      como Pedro por su casa.
      Son esas almas, cuya...
      seguridad te rebasa.
      Sólo mirando..., sin bulla,
      sin anestesia y sin gasas.

      Haciendo que todo fluya
      sin cobrarte nunca tasa.

A Juan Jesús Palenque (o callando bocas)

Un tipo que vino del frío,
una barbita canosa,
una voz entre el gentío,
un tipo comprometío,
da igual el asunto o la cosa,
un nota que no dice "mío",
un jefe del libre albedrío
y que a Aitana no la tosan.

Su jersey de cuello vuelto,
su tabaco de liar,
va con dinero suelto,
nunca lo vi hacerse el muerto
si hay que arreglar un entuerto
o a la hora de pagar.

Me escuchó y me dio mi espacio,
me dejó a mi puta bola,
me entendió desde el prefacio
y no me contó nunca trolas.

Enseña con una pizarra,
cose como las locas,
y con los brazos en jarra
un niño que le desgarra
le da siempre la tabarra:
¡Juan, que te calle la boca!