A mi Torera (o el arte de templar el capote)

Siempre estuvo para todo,
no me pidió nunca nada,
y tiene un sublime modo
de evitar pisar el lodo
que es una puta pasada

Ella es feliz bailando,
no le preocupa el dinero,
un botellín de Cruzcampo,
ocho amigas con los dedos,
y a sus niños educando
mientras busca el coletero

Siempre estuvo para todo
y por eso yo la quiero.
En este mundo de toros,
ella va de grana y oro
y yo soy el banderillero.

A Enrique, 56 (o el orgullo de Darwin)

Si un día bajara a este mundo
un ovni o platillo de esos
para elegir un oriundo
que fuera allí arriba Maeso,
no dudaría un segundo,
no tomaría un receso,
mi veredicto rotundo
es del Madrid más profundo
y solo dispone de anverso.

Allí por donde Pozuelo,
donde la sede del Ono,
Teigell, el mejor consuelo
de los que salimos del mono,

Sencillo, educado, cabal,
pendiente y comprometido,
comensal de buen palique,

Monastrell, mencía y bobal,
y compartir un El Nido,
Feliz Cumpleaños, Enrique.

Tres niños en patinete ( die Welt gehört den Kindern)

      (Ayer vi tres niños en tres patinetes
      y pensé que el mundo les pertenecía)


      Tres niños en patinete
      y su mundo por bandera,
      delante todo el tapete,
      el dado y la vida entera

      Tres niños en patinete  
      sin ver más allá de la esquina,
      tres mocosos mozalbetes
      sin perritos ni rutina

      Tres niños en patinete
      rebosando de inocencia,
      sin verse puestos en brete,
      pasando de las apariencias

      Tres niños en patinete
      y un mundo por descubrir,
      y el libro aquél de Petete
      en blanco y por escribir.