Asomado a una ventana,
la vida de Aurelio pasaba.
Y él miraba a su través
siempre contento y con ganas.
Ya lloviese o escampara.
Esa ventana de Aurelio
y el cristal que le ponía
le hacía no caer en el tedio,
y así disfrutar cada día.
Si un día en mi casa yo,
nuevas ventanas pusiera,
llamaría a Aurelio Sot
pa´ que hiciera una vidriera,
y siempre entraría el sol
aunque en la calle lloviera.
Cuando cambió de colegio
mi hija anduvo algo sola,
subía con su porte regio,
y haciendo como un sacrilegio
se colocaba en la cola
Y entonces hizo una amiga,
debían de tener cinco años,
hicieron muy buenas migas,
no se han hecho nunca daño,
y aquella amistad, qué fatiga,
perdura como oro en paño.
Me alegro, ¡Dios la bendiga
y queden muchos peldaños!
Alicia hace caso omiso
de aquello que la dirija,
encuentra el modo conciso
de escapar por la rendija,
el conejo anda sumiso, y
no hay reloj que ya le aflija,
pues firmó un fideicomiso
antes que ella se lo exija.
Arriba, en el tercer piso,
tenemos nuestra otra hija.
(Esto escribí de improviso,
y que el tiempo lo colija).
Una mierda pa' Romeo
y un mojón para Julieta,
ha quedado en un tebeo
aquella famosa vendetta
en estos tiempos tan feos
con la gente en casa quieta.
Yo hoy me quito el sombrero
por los novios confinados,
que sólo dicen ¡Te Quiero!
si el otro se ha conectado,
y más si son quinceañeros
y hace poco han empezado.
Si Shakespeare se levantase,
seguro les pone un twitter,
¡Paco, porfa tú haz las paces
... Y María, tú no te irrites!