Oda al Cuñao (¡Vuelve a casa por Navidad!)

 Si tiras de hemeroteca
 es recurso suculento,
 lo menos dos mil carpetas
 … en redes sociales peta,
 te lo juro y no te miento
 
 Y hablo de ese cuñao
 que siempre defenestramos,
 el que se sienta a tu lao
 si en Navidad nos juntamos
 y entre pavo y mantecao
 de cuñao ha pasao a hermano.
 
 El del chiste aquel del loro
 que ya no tiene ni plumas,
 el que pimpla sin decoro
 seis cervezas con su espuma
 y otras tres de Emilio Moro
 sin probar las aceitunas.
 
 Hablo de ese que este año
 tanto echaremos de menos,
 cuando con rictus huraño
 a la mesa nos sentemos,
 saliendo del desengaño,
 sabiendo que hiciste daño
 y el chiste del loro era bueno.
 
 Y así las fiestas que viene
 no seré quien te recuerde
 que uno no sabe qué tiene
 hasta que un día lo pierde.
 

A la Plaza de los Naranjos (Excuse me, Orange Square?)

En mi pueblo hay una plaza
donde está el Ayuntamiento.
Los árboles dan naranjas,
el tiempo por ella no pasa
y está en el mismísimo centro.

Yo subía por esa plaza...
no recuerdo bien de donde,
y atento allí a su terraza
siempre me hacía un guiño
un maitre con mucha guasa,
que fumaba como un hombre
y se reía como un niño.

En un lado de la plaza
tenían Souvenirs lo de Curro,
al otro lado una taza
de chocolate con churros.

Desde el sábado hasta el viernes
te imbuía en su ajetreo,
ahora es una plaza en ciernes,
como un niño sin recreo.

Espero que vuelvan las gentes,
los saludos, las pisadas,...
Yo quiero verla en su ambiente:
Ahora está triste y ausente
y así no me dice nada.

A Claudia, 17 (¡Llego tarde, llego tarde!)

Viéndolo ahora de lejos,
¡qué razón tenía el conejo
con sus continuos lamentos!
Nadie oía sus consejos...
¡Qué rápido pasa el tiempo!

¿Dónde está ya aquella niña?
verte crecer me desquicia.
Espero el conejo te riña
igual que hacía con Alicia,
mientras la reina me guiña
y se ríe de mi estulticia.

Crece, ríe, baila, sueña,
coge un paraguas si llueve,
sé de tu vida la dueña,
sé quien los hilos te mueve:
Está vivo quien pergeña,
quien se ilusiona y se atreve.

Y recuerda que tu padre
no te descuida un segundo,
porque por mucho que ladre,
con permiso de tu madre,
yo quise traerte a este mundo.