A MI MADRE (al quite)

      Me lavaba de chiquillo,
      me quitaba las legañas,
      me atusaba mi flequillo,
      me decía: ¡No se engaña!

      Por esta jodida vida
      me guiaba de la mano,
      y ya desde la salida
      me hizo mejor ser humano

      Y darte las gracias siempre
      por esa infinita paciencia.
      Lo que tú has hecho por mi
      debiera estudiarlo la ciencia.

      Ese altruismo tan puro,
      ese dar sin pedir nada,
      ese velarme la fiebre 
      tantísimas madrugadas.

      Ese ¡No vuelvas tarde!,
      ese ¡Ponte a estudiar!,
      ese ¡Espérate dos horas
      para poderte bañar!

      Gracias por que yo siempre
      tuve un plato de sopa,
      y a la hora que fuera
      allí estaba limpia mi ropa. 

      Por eso en los tiempos chungos,
      cuando tú me necesites,
      no lo dudes ni un segundo,
      que yo estaré siempre al quite.

EN EL TAJO

Aquel padre con familia
en busca de algún trabajo,
esa madre con tres niños
currando siempre a destajo,
el salmón que vuelve al río
y lo sube desde abajo,
aceptando su destino
en busca de algún atajo,
quien tiene dos mil problemas
y nunca lo ves cabizbajo,
y el primero que un poema
le arrancó a un papel de cuajo,
el que llegó a su destino
porque nunca se distrajo,
aquel que triunfó en la vida
a fuerza de estar en el tajo,

Con ese tipo de gente,
yo mi sombrero me bajo,
y los demás no me importan,
ya pueden irse al carajo.
la persona que no lucha,
la verdad, nunca me atrajo.

A REYES GARCÍA (o entrando en el banco, al fondo)

 Tras una liviana mampara
 y esbozando su sonrisa,
 te toparás con su cara,
 en efectivo o con VISA.
 Con las ideas muy claras,
 sin agobios y sin prisas…
 siempre eficiente, sin taras
 práctica, amable, concisa.
 
 No es corriente una sonrisa
 en quien curra con dinero,
 por eso la gente con prisa
 suele acercarse al cajero,
 por eso nos gusta la brisa
 que emana de un trato sincero.
 
 Yo solo voy hacia el frente
 y al fondo hay una artista,
 que además de ser decente
 demostró serme altruista.
 Y qué menos que yo intente
 ensartar versos en ristra
 y dar gracias burdamente
 pues nunca tuve avalista.