A MANUEL GARCÍA VEGA (o el tirilla de Mr. Garsia)

      Nano, pico, femto, ato
      no son una selección,
      es lo finito que er tato
      cortaba de chico er jamón.

      Y un mojón para El Prado, 
      el Louvre o el Reina Sofía.
      Yo he visto a planta alzado
      con dos zuecos que él tenía,
      un sistema pre-encriptado
      pa' saber quién se ha acercado,
      que la NASA ha patentado
      ... y quitas los guarda jurados,
      James Bond y a la policía.

      No cabe más nervio junto
      en un tirilla tan delgao,
      el pelo y las cejas juntos
      y una Cruzcampo al costao.

      Lo conocí en los ochenta,
      como a todos mis colegas,
      y lo he visto andar a tientas
      ... pisándose la talega.
      Ya debe frisar los cincuenta:
      Manuel Jesús García Vega

A PEPE MANZANO, 47º

A aquel niño del Castillo
hoy le caen cuarenta y siete.
Le queda la cara de pillo
de cuando era mozalbete.
Le quedan las ganas de risa 
mientras saca su paquete 
para liarse un pitillo.

De risa sincera y afable
y amigo de sus amigos, 
en un concierto o el Cable, 
si tú vas, yo te sigo.

Porque en estos putos tiempos
y ya en la segunda parte,
me interesas, no te miento
si es cosa fácil hablarte.

Me gusta la gente que intenta 
reírse siempre que pueda. 
Juntarse siempre contenta 
que eso es lo que te queda.
Y más ya a los cuarenta,
que estamos ya sin cubiertas 
cambiando las 4 ruedas.

Yo a Pepe lo veo de viejo 
en la playa con su barca. 
Hablando de tú a la Parca 
observándola de lejos.

Rodeado de mucha gente, 
sentao con su tez morena
a recaudo del relente,
bajo una luna bien llena,
Un cigarro entre los dientes 
recordando su melena, 
mirando a la orilla de frente, 
y recordando sin pena
las cosas que hizo a los veinte 
con la mirada serena. 


19 de diciembre de 2017

En brazos de Morfeo

Fui un firme defensor 
de tu sonrisa,
del modo en que tú siempre 
te reías,
de la forma en que solos 
y sin prisa,
cada noche me decías 
que me querías

Fui un firme seguidor 
de tu cintura,
de tus brazos, de tu falda, 
de tus piernas.
de las tardes en la playa 
sin premura,
de la sal sobre tu espalda 
sempiterna.

Y ahora cada noche 
al acostarme,
bendigo esos retazos 
y recuerdos,
en brazos de Morfeo 
puedo quedarme
y sé que aún son mios 
cuando despierto.