Era una chica pendiente de que nada le faltara a un muchachito que siempre tenía una sonrisa en su cara, Era una chica que cuando suena María Jiménez riendo, cantando y bailando ya no hay nadie que la frene. Y un mojón pa Supermán que se cambia en la cabina. La Isa, ahí es ná... arranca y pisa el pedal cuando suena la bocina, y al llegar al Cable ya de playa va acicalá antes de girar la esquina, y lleva pa las demás pinturas, pendientes, almax y un tarrito de gomina. Y allí por Ricardo Soriano, aprovechando un momento, ha hecho con una mano ensalada de pimientos. Y al girar por Marbell Center ha batido en las rodillas seis huevos para su gente y ha petao una tortilla.
Autor: victorhugo70
Poeta Urbano. Poesía Empresarial.
A TERE, 50º (o quién salvo al Redoxón)
Hoy le caen 50 abriles a la mujer del sargento, hoy le dieron matarile a los años infantiles, y hoy, por mucho que lo esquives..., hoy ya se acabó el primer tiempo; pero queda aún otro tiempo que puedes jugarlo si quieres, con la paz de quien con tiento ha ido haciendo los deberes, se unió a un bombero decente igual de cortés que valiente para afrontar el destino, y a esas cinco diligentes que son cinco adolescentes cuando juegan al Pokino, y encima es lectora paciente que agradece amablemente los cuatro ripios dementes de un diletante cansino. Que hoy te juntes con tu gente, que te sirvan un buen vino, y soples tan fuertemente que todo lo que no cuente no te importe ya un comino. 7 de agosto de 2020
A MARÍA Y CORRALES (o ella lo que tiene importancia y él todo lo importante/Javier Krahe)

Era una extraña pareja, como de esas que no pegan. Mas al final la madeja se hilvanó sin una queja y casi cuarenta años llevan. Ella era atenta e inquieta, constante organizadora, nunca paraba quieta..., siempre urdía sin demora, y mandaba a hacer puñetas cualquier descanso entre horas. El era un tipo callado que lo dio todo de joven, y ahora andaba retirado como el sordo de Beethoven. Dispuesto, currante, calmado no quiere que le joroben. Supongo que muy al principio tendrían sus más y sus menos, y al borde del precipicio, cuesta bajo y sin frenos, siempre encontraron resquicios y diez mil momentos buenos. Después de tanto tiempo, con los niños ya criados, él la llama, no te miento, parece que no estén casados... ¡Pásalo bien y no llores!, me hice una sopa caliente, vi que cogiste el de flores que te queda más decente, la chaqueta no demores que luego hace mucho relente. ¡Pásalo bien, no me añores, disfruta con esa gente!, ¡y diles a esos señores que vernos está pendiente! Son de esa clase de amores que nos dejó el siglo veinte.


