A ISA, (o un mojón pa´Supermán)

Era una chica pendiente
de que nada le faltara
a un muchachito que siempre 
tenía una sonrisa en su cara,

Era una chica que cuando 
suena María Jiménez
riendo, cantando y bailando 
ya no hay nadie que la frene.

Y un mojón pa Supermán 
que se cambia en la cabina. 
La Isa, ahí es ná...
arranca y pisa el pedal 
cuando suena la bocina,
y al llegar al Cable ya
de playa va acicalá
antes de girar la esquina,
y lleva pa las demás 
pinturas, pendientes, almax 
y un tarrito de gomina.

Y allí por Ricardo Soriano, 
aprovechando un momento, 
ha hecho con una mano 
ensalada de pimientos.

Y al girar por Marbell Center 
ha batido en las rodillas
seis huevos para su gente
y ha petao una tortilla.

A TERE, 50º (o quién salvo al Redoxón)

Hoy le caen 50 abriles 
a la mujer del sargento, 
hoy le dieron matarile
a los años infantiles,
y hoy, por mucho
que lo esquives...,
hoy ya se acabó
el primer tiempo;

pero queda aún otro tiempo 
que puedes jugarlo si quieres, 
con la paz de quien con tiento 
ha ido haciendo los deberes,
se unió a un bombero decente 
igual de cortés que valiente 
para afrontar el destino,
y a esas cinco diligentes
que son cinco adolescentes 
cuando juegan al Pokino,
y encima es lectora paciente 
que agradece amablemente 
los cuatro ripios dementes 
de un diletante cansino.

Que hoy te juntes con tu gente, 
que te sirvan un buen vino,
y soples tan fuertemente
que todo lo que no cuente
no te importe ya un comino.

7 de agosto de 2020

A MARÍA Y CORRALES (o ella lo que tiene importancia y él todo lo importante/Javier Krahe)

Era una extraña pareja, 
como de esas que no pegan. 
Mas al final la madeja
se hilvanó sin una queja
y casi cuarenta años llevan.

Ella era atenta e inquieta, 
constante organizadora,
nunca paraba quieta...,
siempre urdía sin demora,
y mandaba a hacer puñetas 
cualquier descanso entre horas.

El era un tipo callado
que lo dio todo de joven,
y ahora andaba retirado 
como el sordo de Beethoven. 
Dispuesto, currante, calmado 
no quiere que le joroben.

Supongo que muy al principio 
tendrían sus más y sus menos, 
y al borde del precipicio, 
cuesta bajo y sin frenos, 
siempre encontraron resquicios 
y diez mil momentos buenos.

Después de tanto tiempo, 
con los niños ya criados, 
él la llama, no te miento, 
parece que no estén casados...

¡Pásalo bien y no llores!,
me hice una sopa caliente,
vi que cogiste el de flores
que te queda más decente,
la chaqueta no demores
que luego hace mucho relente. 
¡Pásalo bien, no me añores, 
disfruta con esa gente!,
¡y diles a esos señores
que vernos está pendiente!

Son de esa clase de amores 
que nos dejó el siglo veinte.