El Viejo y el Bar

¿Me pone por favor una cerveza?,
enseguida se la pongo, caballero,
¿a qué viene esa cara de tristeza?,
le tengo reservada aquella mesa,
siéntese tranquilo, se lo ruego,
y echando mano de su sutileza,
se sentó junto a aquel viejo el camarero,

pues que llega una época en la vida
en que uno se enfrenta a sus fantasmas,
y por muchas cervezas que te pidas,
extrañas a tus socios de partida,
y hay ratos que ya nada te entusiasma,

así que a ratos pido alguna caña
y me siento frente a frente con el vaso,
y como sé de mis amigos su calaña
sé que en el Valhalla me acompañan
o yo quiero creerlo, por si acaso.




A Álvaro (a secas) en De Juan

Esquina Antonio Belón,
Notario Luis Oliver,
gira como un campeón
un camarero guasón
con ilusión de aprender,

llega con su sonrisa
en cuanto gira la esquina,
te atiende con su camisa
sin calma pero sin prisa,
y una ironía muy fina,

en medio de gente experta
no es quizás el más experto,
pero es un tipo alerta
con una mente despierta
que siempre te sirve atento,
yo espero que se divierta,
igual que su hermano Alberto,

y en un bar lleno de peña
Álvaro me hace una mueca,
... ¡déjame una reseña!,
¡dame el nombre, si te empeñas!,
¡tú ponme Álvaro a secas"!


El enterrador arrepentido

Vivir disfrutando de esto,
como si no hubiera un mañana,
acostarse con lo puesto,
y levantarse dispuesto...
que siempre sea fin de semana,

y que el día de tu entierro
no quepan en el camposanto,
que vayan hasta los perros
y que vuelvan del destierro
los que tú quisiste tanto,

que vayas vestido de gala
como en estas ocasiones,
y mientras tú te acicalas,
al tipo que mueve la pala
se le caen dos lagrimones,

y mientras las gotas resbalan
te grite: ¡con dos cojones!