Al Bar Paquito el Limpio, el último reducto.

Es el último reducto,
como el de Asterix el galo,
tiene el mejor producto
pa disfrute y usufructo
del que se diera un regalo,

un sitio privilegiao,
girando de Leganitos,
en tol medio del tinglao
petan el bacalao,
tres quintos ya me tomao,
y ahora toca un ligaillo,

y en estos tiempos de fastos,
y tanto garito de moda,
queda un sitio pulcro y casto
que no va de pijo gastro,
y que regenta otro Yoda,

donde el pescao sale blanco,
y donde en la barra te acodas.

A Sara Ferreira, taytantos.

No la conozco de nada,
para qué voy a mentirles,
pero es fin de semana
y la verdad, tengo ganas…
y no sé a quién escribirle,

así que aquí va mi regalo
por si fue su cumpleaños,
y aunque los versos sean malos,
la foto sí tiene un halo,
y con eso hice el apaño,

es un poema sin encargo
(creo que se llama Sara),
lo escribí pues me hago cargo
que aquél a quien llaman “largo”
se doblaría sin embargo
si algo a ella le faltara,

un padrazo en un letargo,
padre e hija cara a cara.

Entre rimas

Soy aquel que busca excusa
en este mundo agitado,
y que pacta con sus musas,
que son las que engatusan
y me tienen atareado,

soy de esos que ve versos
que pululan sin esquema,
y los recoge dispersos,
y los trae del metaverso
por si cuajara un poema,

que en la noche disoluta,
cuatro birras y Sabina,
y soy aquel que disfruta
como un hijo de puta
cuando me meto entre rimas.