A los Corrales Bajos

Junto a calle Mesoncillo
y pegado a calle Aduar,
queda aún un rinconcillo,
de cuando yo era chiquillo
y no lo he visto cambiar,

una calleja estrecha
de paredes desconchadas,
cien macetas en perchas
a tu izquierda y tu derecha
y que siempre están regadas,

una calle no muy larga
que va de Aduar al Mercado,
paralela a la del Vargas,
donde la emoción te embarga
si por allí has paseado,

está pegada a un solar
donde aún no han construido,
si quisieras pasear
y volver la vista atrás,
ya deberías haber ido.




Al Puerto Deportivo

En Marbella hay tres puertos,
uno de ellos deportivo,
donde diste el primer muerdo
cuando eras inexperto
y eras feliz por castigo,
(y estos son los trazos rectos
del que hoy es arquitecto
y entonces ya era mi amigo)

donde reías con tu gente
cruzando los callejones,
y fuera sábado o viernes
siempre salían a verte
o el Morito o el Canone,
y si querías perderte
aún había espigones,

te bajabas con colegas
y encontrabas a tu chica,
y crecíais por entregas,
y jugabais a la abuela,
y estas cosas no se explican,

de aquellos años ochenta
ya solo queda el futuro,
y cuando la peña está hambrienta
en "pizza al corte" se sientan,
y siempre queda el Arturo,

y yo aún recuerdo un garito
que se llamaba La Tasca,
donde ella entró un ratito,
lo nuestro fue fortuito,
y esa noche gané el Rasca.





A Inés Maldonado, que hace reír a Hugo.

Pelo lacio, raya en medio,
en el Parque Miraflores,
una risa contra el tedio,
en este mundo tan serio,
con tantos marditos roedores,

Mora en los altavoces
y una sartén pequeñita,
pa que luego te reboces
y te comas hasta doce
cuando peta sus tortitas,

este mundo es mejor mundo
porque hay gente como Inés,
que no pierde ni un segundo
en andar pegando tumbos,
y que no tiene revés,

le gusta la Navidad
y estudiar algo de ADE,
los amigos de verdad,
y me cuentan que viajar
quizás también le agrade,

la supieron educar...
Inés Maldonado Andrades.