Hay en Caños un reducto,
un paraíso perdido,
donde me guardo con gusto
el derecho a su usufructo,
y que está medio escondido,
un saloncito austero,
una estancia escondida,
cocina con fregadero,
un cuarto con cabecero
y un porche que da la vida,
jardincito con manguera,
una cancela al edén,
en la vida puñetera,
un sitio que yo quisiera
para colgar el The End,
un sitio bajo una duna,
un mar con mucho descaro,
y a la hora de la luna,
la noche que al mar acuna,
bajo las luces de un faro,
una pareja a su cargo,
que están pero no molestan,
Javier que es un viejo hidalgo
y por si faltara algo
Nuria está siempre dispuesta,
y en este rincón del mar,
cuyo nombre no recuerdo,
volví a descubrir qué es amar,
reír, disfrutar y bailar,
y por eso lo agradezco.
Siempre supo lo que quiso,
y en eso nació con ventaja,
siempre hizo caso omiso,
así que no superviso
ni barajo la baraja,
nació con algo especial
pa engrandecer el ambiente,
y dar un toque jovial
para que no sea banal
cualquier reunión de la gente,
se ha pegado tol verano
currando como una señora,
y dicen que en Puente Romano
hasta Bill junta las manos, y
de vez en cuando la llora,
ahora se ha marchado a Atenas,
a cursar lo que ella quiere,
nos deja un bocado de pena,
echo en falta su melena
y su mirada serena
de la que sabe que puede,
espero que sepa que deja
un hermano que la adora,
y una pareja vieja
que se asoma por la reja,
por si volviera a deshoras.
Una copa, un tenedor... y toda la vida cambia, y por fin bajó el telón que se inició de excursión, por carreteras de Islandia,
se casan Pablo y Jasmin, y se casan en Marbella, no se casan en Berlín, y lo ha elegido ella, por la luz y el sol de aquí, y por ese agua añil que allí no hay ni en botella,
dicen de ella que habla poco, pero que siempre sonríe, que en este mundo de locos decidió poner el foco en disfrutar sine die,
que cuando hablan los Vega, nada de nada entiende, coge a Pablo y se lo lleva y le dice ¡oye, colega!: "Ich denke, das ist das Ende",
él hace fotografías por montañas y por mares, y dicen que se moría por los pájaros que pían y el corazón le crujía con letras de Quique González,
que cuando la conoció se marchó a hacer el Camino, y que nada más llegó de una cabina llamó para juntar sus destinos,
y hoy recuerdan esa tarde y la llamada de la Flori, que pintaba a tarde en balde, por lo menos a priori,
y yo me voy retirando que ya llevo aquí un ratito, me gustan los grupos cuando la gente se va casando,