A aquel niño del Castillo hoy le caen cuarenta y siete. Le queda la cara de pillo de cuando era mozalbete. Le quedan las ganas de risa mientras saca su paquete para liarse un pitillo. De risa sincera y afable y amigo de sus amigos, en un concierto o el Cable, si tú vas, yo te sigo. Porque en estos putos tiempos y ya en la segunda parte, me interesas, no te miento si es cosa fácil hablarte. Me gusta la gente que intenta reírse siempre que pueda. Juntarse siempre contenta que eso es lo que te queda. Y más ya a los cuarenta, que estamos ya sin cubiertas cambiando las 4 ruedas. Yo a Pepe lo veo de viejo en la playa con su barca. Hablando de tú a la Parca observándola de lejos. Rodeado de mucha gente, sentao con su tez morena a recaudo del relente, bajo una luna bien llena, Un cigarro entre los dientes recordando su melena, mirando a la orilla de frente, y recordando sin pena las cosas que hizo a los veinte con la mirada serena. 19 de diciembre de 2017
Poemas y Retratos
En brazos de Morfeo
Fui un firme defensor de tu sonrisa, del modo en que tú siempre te reías, de la forma en que solos y sin prisa, cada noche me decías que me querías Fui un firme seguidor de tu cintura, de tus brazos, de tu falda, de tus piernas. de las tardes en la playa sin premura, de la sal sobre tu espalda sempiterna. Y ahora cada noche al acostarme, bendigo esos retazos y recuerdos, en brazos de Morfeo puedo quedarme y sé que aún son mios cuando despierto.
2 DEDOS DE ESPUMA ( o ya quisiera Silicon Valley )
Ahora ya somos capaces de mandar al Hombre a Marte. ¡ Qué cojones tiene el Hombre ! Cuánto ingenio y cuánto arte. Algunos hoy tienen relojes que les llevan ya sus cuentas. ¡ Pepe, a los niños recoges ! ( Mensaje de la parienta ) Los coches aparcan sólos, en redes sociales te sigo. Hoy tiene cualquier Manolo lo menos dos mil amigos. Y yo creo que aún no hay nada ni creo que nunca se invente, mejor que una birra helada, que vale un euro con veinte. A aquellos de Silicon Valley, yo, en cualquier barra de España los pondría sobre la una... A ver si aquellos zagales supieran tirar una caña con sus dos dedos de espuma.

