A Roberto Álvarez, entre olivos y cervezas

Robbie es un profesor
metido a recepcionista,
siempre niega la mayor,
quiere entenderlo mejor,
no suele ser conformista,

salió de tierras de olivos
y se fue a la capital,
y allí en Madrid fue testigo
de poder seguir hoy vivo
después de cerrar el bar,

primero como cliente
en noches de trasnochar,
después aguantando gente
como un camarero paciente
hasta la hora de cerrar,

tiene en casa a María
y a un chaval llamado Andrés,
y dos mil guardias daría
por volver a aquellos días
en que Marta le decía
¡papá, me enseñas muy bien!,

pero la vida se pira,
y el tiempo no da un receso,
y de nuevo todo gira,
tu hija de nuevo te mira
y todo queda en un suceso,

y un día Hitler se retira,
Churchill sabía mucho de eso.


A Carlos Iglesias, ¿cómo estamos?

... la clase no está reñida
con alguien que, mientras trabaje,
te brinda una gran Bienvenida,
te dice Hola, y enseguida,
te ayuda con el equipaje,

siempre vistiendo impoluto,
aunque vaya de uniforme,
nunca, nunca en absoluto
está distraído un minuto
y el que lo vea, que lo informe,

lo veo cuando ya termino,
por la mañana temprano,
se me acerca en el camino
cuando el sueño y yo dormimos
y me dice ¿cómo estamos?






Morfeo se piró

Morfeo se ha ido el cabrón,
se ha ido ...
y me ha puesto los cuernos,
ahora que del tirón
currando en la Recepción
me paso la noche despierto,

me ha dejado sin dormir
hasta que entra la mañana,
ovejas conté veinte mil
pasando delante de mí
y otras tres de valeriana,

la verdad que era mi amigo
y ahora lo echo de menos,
espero me quite el castigo
y vuelva de noche conmigo
las noches que me hacen relevo.