Tiene el pelo de algodón, la mirada de un abuelo, y en una conversación es quien escucha mejor y también el que habla menos (hasta que da un tiento al ron cargaito, con dos hielos),
largo como una jirafa por las calles de Marbella, dos ojos detrás de unas gafas que si las rompe o las chafa son dos culos de botella,
una empresa familiar donde él va por delante, una cerveza en un bar donde se pueda escuchar y no esté prohibido el cante,
y a ratos va de visita a ver a una mujer, y suelta dos lagrimitas con quien ella solita le vino a este mundo a traer, y allí, junto a una mesita, Jesús las gafas se quita, se limpia dos lagrimitas y dice: ¡te quiero, joder!
Digamos que el mar no tiene comienzo, que empieza donde te toca, y luego un pintor en silencio va extendiendo todo el lienzo del horizonte a las rocas,
digamos que el mar es rebelde... y que nunca tuvo dueño, que las olas van y vuelven y viendo cómo se pierden sigo creyendo en los sueños.
Es un caso peregrino este que aquí tratamos, porqué coño el destino me lo puso en el camino y porqué nos carteamos,
... es un tipo singular a quien la gente enaltece, te lo voy a presentar por si eso te apetece: si tú entraras en un bar siempre vas a preguntar dónde se puede mear con quien primero tropieces, pues eso te quiero explicar: el Küppers es justo ese,
es culé, nadie es perfecto, el chico no fue a la escuela; pero yo le tengo afecto, bastante, pa ser correcto, porque por mí se desvela, sabe más que un buen prospecto y siempre se deja las suelas.