A Raúl Villabrille, entre susurros de vino.

Cuando lo ves la primera,
parece un actor o algo,
parece de los que siguiera
a Brad Pitt con su visera
en la de Malditos Bastardos,

pero eso es la fachada
de un tipo que ama su curro,
que habla sin decir nada
y que entiende las añadas
simplemente con susurros,

que está cómodo entre copas
y entiende del velo de flor,
que pone firme a la tropa
mientras pasa media Europa
por calle Pantaleón,

y que entendió que en la calle,
hace falta la alegría
de tener todo el detalle
de que el juez al final falle
y coloque una poesía.





A Curro de Casa Curro, o por todos lados.

Nunca sale, nunca entra;
pero está por todos lados,
un día montó una Taberna
de papelones sin merma
y años después ha triunfado,

hoy tiene medio callejón
que va del banco hacia arriba,
siendo el gran anfitrión
de la Calle Pantaleón
con tres tascas sucesivas,

... tiene las cosas claras
y un equipo siempre atento,
y en tiempo de tanto majara
da gusto ver cómo para,
y te concede su tiempo,

se crió por Las Palomas,
de eso hace ya un buen trecho,
y aún a ratos se emociona
cuando mirando hacia el techo,
su padre del cielo se asoma
y dice: ¡qué bien lo has hecho!



A Fermín de La Barca, dando clase.

La gente se cree que servir
es algo que hace cualquiera,
que uno llega hasta aquí,
se sienta en la mesa a pedir
y salga el sol por Antequera,

... pero esta es profesión
en la que se hace de todo,
ser en el rango un señor,
dar juego en todo el salón
y encima con buenos modos,

pa eso hay que tener clase,
y tener un trato humano,
empezar desde la base
sabiendo lo que se hace,
aprendiendo nadie nace,
... ayuda ser gaditano,

es normal que hoy retratase
a ese gran Fermín Lozano.