A Juan Padilla, el torero de Fuentenueva

... apellido de torero,
sonrisa de mozo espadas,
nunca está en el burladero,
suele buscarse dineros
currando de forma honrada,

lo mismo va al aeropuerto
en una Mercedes Vito,
que con sus manos de experto
un sand wedge te ha recubierto,
y ya lo tienes envuelto y
con varilla de grafito,

no sabes por dónde anda,
nunca te pone una pega,
va corriendo por la banda
más pancho que Kung Fu Panda;
pero el tipo siempre llega,

siempre un auricular
lleva pegado a su oreja,
creo que sabe torear,
y que lo van a sacar
a hombros entre las rejas,
y al final le van a dar
el rabo y las dos orejas.

El último Latin Lover

Dicen que hoy a los Caños
ha llegado un Latin Lover,
un personaje extraño,
que nunca se pega un baño
y que vive en un Land Rover,

va con sus tres pequeñines
y también con su señora,
mil doscientos botellines
para el rato que él cocine,
pueda beber sin demora,
y sus dos o tres cojines 
pues la siesta no demora,

y este es mi Curro Miñana,
y que sepan de quien hablo,
con una sonrisa ufana,
con una mujer cercana,
con Lola, con Curro y con Pablo.







A Raúl Hernàndez Hernández, el último de los guardeses de El Bosque

Llegando a la Villa de Béjar,
girando por donde Los Pinos,
detrás de una verja vieja, 
debajo de cinco abejas
un Bosquero genuino,

Arqueólogo reciclado,
en linajes erudito,
un ujier apasionado
de un gran tesoro olvidado,
de un palacete exquisito,
de un cenador loado,
donde se dice que, a nado,
llegó cada noche Cupido,

Y hoy estaràn orgullosos
los Duques desde su altar,
y en la Garganta del Oso
ya disfrutan en reposo
don Francisco y Guiomar,
sabiendo que un virtuoso
cuida del parque al entrar.