Die kleine Dichterin

A veces se cuelga de un árbol,
y se mece con el viento,
otras veces en un mármol,
nunca deja de asombrarnos 
si escribe sus pensamientos.

Esta pequeña poetisa
ya conversa con las musas,
con su pluma y su sonrisa
dicen que las eclipsa,
y la atienden sin excusa.

Qué bonito que tan niña
ya escriba poemas y versos,
luego sus hojas apiña,
un ojo a sus musas les guiña
y pinta un cómic del reverso.

A Tomás Montenegro (un tío Brutal)

Es un Will Smith hispano
o eso a mí me lo parece,
sana dientes con sus manos
y sus rizos medio canos,
y de modo campechano
hace que tú lo aprecies.

Abres de pronto los ojos
y lo ves con unas lupas,
yo entonces la boca aflojo
hasta que dice que escupa,
y en curarte tus despojos
Tomás se afana y se ocupa.

Tiene dotes de maestro
y quiere que entiendas todo,
te prepara un manifiesto,
y con espejos y gestos
te lo explica por los codos.

Hoy tiene un rictus triste
mientras ordena sus fichas.
¡Tú que tanto sonreíste
y te reías de los chistes,
recobrarás esa dicha!

Siempre cuidó de mi madre,
y de lo cual yo me alegro;
estos versos miserables
son hoy todo mi reintegro.

Señor de trato agradable
es don Tomás Montenegro.


A Mónica Vallejo (la equilibrista)

Nació en tierras gaditanas,
cerquita de una Bahía,
tiene una sonrisa sana
y nunca echa la persiana
para estar con sus amigas.

Ha tiempo esta dura vida
le dio con la mano abierta,
... y Mónica, dolorida,
se fue a lamer sus heridas
cerrando fuerte la puerta.

Hoy aquello ya es pasado
y vive siempre ocupada,
o te cura con las manos
o intenta vivir sano
y no le faltan llamadas.

Le gusta beber cerveza
bailando hasta la última nota,
salta y mueve la cabeza
y tiene una extraña rareza
pues por mucho que ella bota
tiene la gran destreza
de no derramar una gota.

Y hoy ya tiene la certeza
que la vida es chirigota.