A Noelia García Sánchez

Detrás de todo gran hombre 
que anda siempre con bulla 
hay siempre una gran señora.

Y cuando el sol ya se esconde, 
allí en una esquina de Puya,
(y aunque yo vaya a deshoras),
en la mesa está mi nombre,
y como monje con casulla
me dan de comer sin demora.

Obviando a León Benavente 
y su extraña psicodelia,
ella crea muy buen ambiente: 
Como un diletante paciente 
aficionao a la filatelia...

Y pudiendo estar renuente 
a aguantar a esta Babelia: 
Anfitriona harto decente, 
cansada de tanto diente 
es nuestra amiga Noelia.

A Iván Barra, 52º (¡Perdón!)

Tenía una tienda de gafas,
pero él nunca la quiso,
un agujero en la calva
del que hizo caso omiso,
y no sé si un par de casas
o eran un par de pisos.

Una tienda de animales
con una clientela de lujo,
que no tenía modales,
y para colmo de males,
un inspector de humedades
que un día le dijo: ¡te crujo!

Una hija a la que adora
y a la que cuida con nota,
una barca con eslora
y una cuerda que no flota,
si hay que tirar sin demora
por si hubiera gaviotas.

Y dicen que tiene un badajo
colgando del pantalón
que es un bordón del carajo
y si hay una mujer debajo
siempre le dice: ¡Perdón!

Al Patriarca de los Manzano, IN MEMORIAM.

He pasado los noventa,
he sido Señor del Castillo,
he querido a mi parienta,
mujer currante y atenta
que me ha dado mis chiquillos.

Quizás fui un poco recio
pero eran otros tiempos,
siempre estuve en el trapecio,
me fui por trabajo lejos,
... otro día te lo cuento.

He trabajado en la mina
cuando aún había tres torres,
aquellas torres marinas
que traían de la colina
el carbón que ya no corre.

Y ahora voy a descansar,
voy a mesarme las sienes,
... si me vas a recordar,
te daré mis parabienes,

... y si quisieras brindar
porque he podido gozar,
ya sabes que aquí me tienes.