A Quino Sanjorge, 42º

Luce una fina perilla
sobre una tez morena,
viste una vieja gorrilla
por si de día el sol le quema
y se tira de rodillas
a diez metros de la orilla
sin importarle la arena.

Estricto, formal y tranquilo,
discreto y observador,
entrenador de pupilos,
los observa con sigilo
como hace un buen mentor,
y los rota cual vinilos
atendiendo al marcador.

Quino es un tipo sano
que eligió llevar coraza,
quizás como aquél Hispano
que en la peli de romanos,
se la jugaba en la plaza.
Mas yo me juego una mano
a que es un tío campechano
que estando con sus enanos
se divierte y se solaza.







A Junior y su Bruno

Ha tiempo nada me sorprende ,
ha tiempo no me sorprendo con nada,
sabrás entonces, por ende,
que hoy me encontré con un duende
que vino de donde las hadas.

Al cabo de un buen rato
de asado, tira y buen tinto,
me ubico y después me percato
de que estoy ante un beato,
... un héroe raro y extinto.

Me da su arte y su chanza
sin contarme su odisea,
como un noble Sancho Panza
que agota sus esperanzas
bailando con la más fea,
Señor a la antigua usanza,
de una vetusta ralea.

Te da su charla y su risa,
su whisky, su vino, su tiempo,
y de una forma imprecisa
aún rezumaba la brisa
que subyace ante el tormento.

Y lo veo girar la esquina
con el mundo por montera,
y lo guardo en mi retina.
Hay gente vulgar y anodina,
y hay gente valiente de veras.










Al Will Hunting de el Puerto

Era un Will Hunting de el Puerto,
era una buena persona,
en datos era un experto,
pídele un número cierto,
no te enfades si no razona.

Robin Williams ya no está,
no hay pizarra en el pasillo,
una silla para andar,
pañales para acostar
y su risa de chiquillo.
De noche le da por pensar,
(mientras cuenta corderillos)
por qué no puede jugar
aunque sea de tapadillo:
confianza y a esperar,
un día lo van a sacar...
y dejará el puto banquillo.

Tan seguro como hay mar,
tan justo y hasta tan sencillo.