A Natalia Penza (o un sorbito de mate)

Tiene una voz melosa, 
nunca la vi alterada, 
toma tranquila las cosas 
cual si no pasara nada. 

Desafió a la Argentina:
con un inglés se alió.
Lo halló en una cantina 
cuando aún dormía el sol,
y apenas doblaron la esquina 
bajo la luz de un farol... 
El mismo final en Malvinas, 
es triste, mas nunca se vio. 
Qué bueno si toda la inquina 
se fundiera en un crisol. 

Tiene su propio reloj,
como el conejo de Alicia. 
Sólo tienen ese don... 
Natalia y la reina Leticia. 
Cuando decae la reunión, 
de una forma subrepticia, 
cuando ya estoy con el ron, 
llega con sus delicias,
y te dice: ¿Cómo estás vos? 
con esa voz que acaricia. 

Hoy cumplirá nosecuantos,
su familia es su acicate... 
Salud y ratos sin llantos,
un buen quilombo de cuates, 
dos niños que son dos santos, 
un guiri que es un encanto 
y un buen termito de mate. 

A Carlos Diego Cobas (mi Celestina)

¿Qué queda de aquél chiquillo
que como un coqueto caniche
en los brazos de una abuela,

se mesaba su flequillo
cuando subía el trapiche
caminito de la escuela ?


Me presentó a mi mujer
y torció la esquina presto,
eso fue antes de ayer,
en el año ochenta y siete
que debió de ser bisiesto.


¡Qué curioso es lo del tiempo!
¡Qué rápido pasan los años!
Va más rápido que el viento,

Lo del tiempo es muy extraño.
Solo hago subir peldaños
por mucho que me lamento.

Y yo aún recuerdo esa tienda
en una calleja de Londres
comprándonos unos Nike

La vida era una prebenda,
nunca importaba el dónde
y no teníamos un penique.