A Juanjo Portillo, un señor en Miguel Cano.

Cuando yo fregaba platos
en una hamburguesería,
me tiraban los zapatos,
me trataban sin recato
y había pocas alegrías,

quizás la de un chaval
que era entonces camarero,
sereno, alegre, jovial,
sensato, currante, cabal,
era un buen compañero,

al salir de aquel garito
volvíamos siempre andando,
y hablábamos un ratito,
sin copas ni cigarritos,
y hoy dando un paseito
he vuelto a encontrar a Juanjo,

tiene la misma mirada
de aquel chaval franco y noble,
esos que no piden nada,
esos que en cada jugada
siempre te pagan el doble,

cuenta que tiene tres niños,
que es feliz donde trabaja,
y es que a quien da cariño,
la vida siempre hace un guiño,
al repartir la baraja,

y si yo viera a sus hijos
les diría si dudarlo,
que esta vida les bendijo,
y les dio un padre prolijo
pa que de él aprendan algo.





A Patricia, o la vida y el vino a sorbos.

Hay en Miranda de Ebro
una mujer valiente,
cuyo valor celebro,
y que merece un requiebro,
y que en la plaza del pueblo
le lean un poema decente,

que eligió ser resiliente
y echarle un pulso al bicho,
y mezclarse con la gente
y disfrutar del ambiente,
y no estar en entredicho,

que sale a tomarse un chato,
bebiendo por una pajita,
va tranquila, sin ornato,
con un rostro sin formato,
y una entereza inaudita,

Patricia es un alegato
del que lucha con sus cuitas,
que la sirvan con boato,
que el tabernero la invita.




A Sergio Rodríguez Ponce, repartiendo sonrisas.

Cara de esos muñecos
de las tiendas de juguetes,
alergia a los frutos secos,
un cigarro boquiseco
y una hija con diabetes,

pinta de más buena gente
con sus ojitos azules,
siempre empañadas las lentes,
no ve lo que tiene enfrente,
no ve nada, no lo dudes,

tiene tres hijos infantes
con los que juega en la arena,
una mujer currante
que siempre le pone delante
un platito pa la cena,
y en el barrio de Carranque
una madre y una abuela,

nunca tiene un mal gesto,
su cigarrito al volante,
Sergio es un tipo honesto
que ya hace aquello o esto,
con un encomiable talante,

porque nació con el don
más preciado en esta vida,
que es disfrutar guasón
ya llueva o ya haga sol
desde la misma Salida,

jugártela de farol
aún en las malas partidas.