Descubrí un día un hermano cuando menos lo esperaba, un gran torero con clase reventado de cornadas. Lo habían echao de su casa una vez y luego otra, dejándolo con lo puesto, solo y el alma rota. El es mi cuñado Lucio; más que cuñado, un hermano, con un corazón tan grande que no le cabe en la mano. Lucio es una de esas personas cuyo trato es una delicia, y en esta vida o en la otra un día se le hará justicia. Cuando dentro de muchos años mi cuñado suba al cielo, le darán la suite nupcial y un minibar con hielo, …una botella de anis, un sitio para su "chica", un montón de buenos libros y mucho tabaco de pipa. Mientras ese día llega... dentro de mucho tiempo, yo sé que con su apoyo es algo que siempre cuento. Ya vendrán tiempos mejores, pues en verdad los mereces. Que la amistad no deteriore y nos veamos muchas veces. Y no es por echarte flores aunque sé que lo parece, mas eres un tío con valores que siempre que puede se ofrece.
Categoría: RETRATO
A JUAN ANTONIO PRIEGO GONZÁLEZ DE CANALES (o la fórmula magistral del perolete)
Me recibía siempre ufano, vestido de anestesista, con su trato campechano quitaba carpetas y planos, y en su mesa de escribano me despejaba una arista. Boticario hiperactivo, motivador de soslayo, optimista por castigo y sanador de caballos. Por si un mal día las moiras lo hicieran cruzar el Hades, ya se sabe de memoria lo de las Cuatro Verdades, y domina la oratoria como Séneca o Melquiades. Cordobés y hombre de bien parece que queda alguno resguardado en mentideros, Si huyes del todo a cien y del tertuliano bajuno, vete a Cinco Caballeros Sabrás quién es por la sien, por su pinta de tribuno y por reírse el primero.
A Arturo Pérez-Reverte
A mitad del siglo veinte y en tierras de Cartagena, parieron a un niño prudente con sal del mar en las venas, que a resguardo del relente leía un buen libro en la arena. Bebió de Hergé, Quevedo, Stevenson, Meville o Conrad. Luego empezó con denuedo a escribir bellas historias. Es mucho placer el que debo, y yo soy un hombre de honra. Yo envidio a los Mosqueteros, que se batían en camisa, a aquel Capitán que persigue la ballena blanca aprisa; pero más a Scaramouche, y su eterno don de la risa. Estos ripios inmaduros yo le envío a la Academia. Sólo ¡Gracias!, don Arturo ya sé que el tiempo le apremia. No tengo Facebook, ni muro, mas me atrevo, con la venia. Puedo ver que, tras la espuma, ya recogió todo el trapo. En el regazo un buen Dumas, dispuesto a pasar un gran rato. Ya puede incendiarse la aldea, y ya pueden tocar a rebato.

