Cuánto vale un amigo
cuando nada te acompaña,
cuando no tienes abrigo,
y has perdido ya el camino
y tu traje de hombre araña,
cuánto vale un abrazo
o una llamada a tiempo,
pa´ luchar contra el zarpazo
que te dejó hecho pedazos
y luchando contra el viento,
un amigo no se pierde,
solo se cuida o se gana,
y cuando la vida muerde
no hace falta te recuerde
que un amigo siempre sana.
Llega y te dice Papa,
y además llega el primero,
los calcetines con grapas
por un sudor puñetero,
hay gente que ni con capa,
ni chaqueta ni corbata
llega a ser tan caballero,
cuando ha llegao a mi casa,
Jaime aún no ha salido,
y él se lo toma a guasa
mientras Hugo se retrasa
porque pista no ha cogido,
dicen que va a la ducha
con un altavoz gigante,
un albornoz con capucha
y media urba lo escucha
cuando juega a ser cantante,
se enjabona las esporas,
del flequillo hasta el talón,
dicen que escucha a Mora,
mientras el vaho se evapora
y un poco de Eladio Carrión.
Este es un "indio" encubierto,
es una pata de un banco,
y estoy seguro que es cierto
que lleva gayumbos puestos
con colores rojiblancos,
lo echaron de Cercedilla,
porque siempre se copiaba,
y sentado en ventanilla
llegó en bus hasta la orilla
temiendo que lo ligaran,
daba clases a mi hijo
y le enseñaba a listar,
cuando solo era un canijo
y sabía más de botijos
que de restar y sacar,
(por eso yo ahora lo elijo
para estos versos rimar),
hay quien no sabe enseñar
y otros lo hacen divertido,
y cuando Iván va a mear,
mira que no lo han seguido
y lee con placer de verdad
las letras que le han zurcido
... y lee, feliz de verdad:
¡mi Cholo, partido a partido!