Sabe más por lo que calla que por lo que a veces te dice, una sonrisa canalla, quizás restos de metralla, quizás también cicatrices, siempre dispuesta a ayudarte tiene esa voz de mamá, que cuando ibas a acostarte iba a la cama a taparte y viajabas a NuncaJamás, lleva las redes sociales, en eso es la jefa y dueña, y usa cien decimales y algoritmos especiales pa´darte una contraseña, mil geranios, cien gardenias, un vergel en la terraza, un Asier en la academia, un hombre con quien congenia y un perro que nunca caza, siempre tiene una sonrisa, siempre transmite descanso, solo tiene una premisa: Dios nos salve de los mansos, como ya dijo Sabina: llevaba ojeras malvas y barro en el tacón, y cuando la noche termina, cuando ya despunta el alba ... sale desde Alcorcón.
Poesía empresarial
Al Polideportivo Paco Cantos de Marbella
Colgando de una cornisa, ... una última atalaya, un sitio donde ir sin prisa, un lugar con buena brisa y se otea el mar y la playa, y donde un Gil en camisa quiso construir morralla y una Marbella insumisa salió a la calle precisa y ahí no tiró la toalla, e hizo los planes trizas de aquel proyecto canalla, el mar siempre liso y plano, el sol que brilla y destella, Gibraltar a contramano, creo que no hay sobre plano mejor vista de Marbella, ... y si giras la mirada tienes toda la montaña, la Concha y la Cruz pegadas compraron asiento en Grada pa´ ver cómo el sol se baña, una pista de frontón, un rocódromo en la esquina, cien niños armando follón pues solo hay un balón y hoy acudió la afición de toda la zona andina, y en una esquina del bar, un sabio detrás del humo, un tipo con quién charlar ... y regala sin cobrar relatos siempre oportunos, ... un paraíso peculiar para el siglo veintiuno.

A don Manuel Martín, o a la orilla de Pedraza.
... luce calva y bigote, y de entrada ya te llega, es como un don Quijote que sin que nadie lo note nunca te pone una pega, y tú te preguntas por dentro, la profesión de este artista, y él te inspecciona lento y va levantando su vista, y te dice tan contento: ¡mire usted, yo fui taxista! fue taxista de por vida, pululando por Madrid, con la espalda dolorida cruzando por avenidas sin descansar ni dormir, hoy es jubilado sano, manitas empedernido, que solventa con sus manos y sus tablas de decano cualquier roto o descosido, dos mil millones de millas a través de su volante, y ahí tienes a este tirillas que se aupa en una silla con su cómodo talante, ¡qué bueno, qué maravilla que con tanto pacotilla haya caballero andante!

