Quieren saber quién es Soraya, es la que mete tus datos en un entorno canalla, observa, teclea y calla, y si a veces para un rato para dejar la pantalla, es para atarse el zapato y seguir con la batalla, Así le ha enseñado Ignacio, que siempre fue buen profesor, y siempre ha sido reacio a poner un San Pancracio, él dice: constante y despacio, y evitar cualquier error, Son cirujanos de rentas que no pueden fracasar, así que ella se sienta y mira al maestro atenta sabiendo que va a aprobar, que en esta vida cruenta con el apoyo de él cuenta para poder trabajar, y no porque él la mienta, sino porque ella fomenta el que él pueda confiar, y encima me llama contenta, y me explica y me comenta: ¡este año no sale a pagar! Y esta es la Cenicienta que por el despacho entra y el Príncipe ya da igual, el zapato puso en venta y es feliz con los Leal.
Poesía empresarial
A Beni, la Sabia a la sombra
Detrás de todo gran sabio hay una sabia paciente, que fue a comprarle el diario, y controlaba el erario de una manera prudente, Oculta entre los fogones, entre ollas y sartenes fue guardando los doblones y criando a tres pelones entre guardias y retenes, y hoy ambos, sabio y sabia, preparan su paraíso: será otra especie de Babia, sembrando melisa y savia y donde ya no habrá guisos, con un tótem en la entrada justo en el mismo centro, que diga en letras grabadas: ¡deja el escudo y la espada, aquí no hace falta nada, estamos al fondo, dentro!
Donde crece la melisa (o el retiro del sabio)
Cuentan que hubo un sabio
que un buen día se retiró,
y haciéndonos un agravio,
calló y cerró sus labios
… y en Monda se recluyó.
Donde crece la melisa,
se mesa su barba rala,
y dicen que vive sin prisa
en bermudas y en camisa,
y ya nunca se acicala,
mientras la papela plisa
y el humo tranquilo inhala,
y creo que así, de esta guisa,
con una vetusta sonrisa,
lo pillas pensando en nada.
(A Ildefonso)

