Poesía empresarial

A Soraya, la sonrisa responsable

Quieren saber quién es Soraya,
es la que mete tus datos
en un entorno canalla,
observa, teclea y calla,
y si a veces para un rato
para dejar la pantalla,
es para atarse el zapato
y seguir con la batalla,

Así le ha enseñado Ignacio,
que siempre fue buen profesor,
y siempre ha sido reacio
a poner un San Pancracio, 
él dice: constante y despacio,
y evitar cualquier error,

Son cirujanos de rentas
que no pueden fracasar,
así que ella se sienta
y mira al maestro atenta
sabiendo que va a aprobar,
que en esta vida cruenta
con el apoyo de él cuenta
para poder trabajar,
y no porque él la mienta,
sino porque ella fomenta
el que él pueda confiar,
y encima me llama contenta,
y me explica y me comenta:
¡este año no sale a pagar!

Y esta es la Cenicienta
que por el despacho entra
y el Príncipe ya da igual,
el zapato puso en venta
y es feliz con los Leal.

A Beni, la Sabia a la sombra

Detrás de todo gran sabio
hay una sabia paciente,
que fue a comprarle el diario,
y controlaba el erario
de una manera prudente,

Oculta entre los fogones,
entre ollas y sartenes
fue guardando los doblones
y criando a tres pelones
entre guardias y retenes,

y hoy ambos, sabio y sabia,
preparan su paraíso:
será otra especie de Babia,
sembrando melisa y savia
y donde ya no habrá guisos,

con un tótem en la entrada
justo en el mismo centro,
que diga en letras grabadas:
¡deja el escudo y la espada,
aquí no hace falta nada,
estamos al fondo, dentro!

Donde crece la melisa (o el retiro del sabio)

Cuentan que hubo un sabio
que un buen día se retiró,
y haciéndonos un agravio,
calló y cerró sus labios
… y en Monda se recluyó.

Donde crece la melisa,
se mesa su barba rala,
y dicen que vive sin prisa
en bermudas y en camisa,
y ya nunca se acicala,
mientras la papela plisa
y el humo tranquilo inhala,

y creo que así, de esta guisa,
con una vetusta sonrisa,
lo pillas pensando en nada.

                             (A Ildefonso)