Poesía empresarial

A Beni, la Sabia a la sombra

Detrás de todo gran sabio
hay una sabia paciente,
que fue a comprarle el diario,
y controlaba el erario
de una manera prudente,

Oculta entre los fogones,
entre ollas y sartenes
fue guardando los doblones
y criando a tres pelones
entre guardias y retenes,

y hoy ambos, sabio y sabia,
preparan su paraíso:
será otra especie de Babia,
sembrando melisa y savia
y donde ya no habrá guisos,

con un tótem en la entrada
justo en el mismo centro,
que diga en letras grabadas:
¡deja el escudo y la espada,
aquí no hace falta nada,
estamos al fondo, dentro!

Donde crece la melisa (o el retiro del sabio)

Cuentan que hubo un sabio
que un buen día se retiró,
y haciéndonos un agravio,
calló y cerró sus labios
… y en Monda se recluyó.

Donde crece la melisa,
se mesa su barba rala,
y dicen que vive sin prisa
en bermudas y en camisa,
y ya nunca se acicala,
mientras la papela plisa
y el humo tranquilo inhala,

y creo que así, de esta guisa,
con una vetusta sonrisa,
lo pillas pensando en nada.

                             (A Ildefonso)

A Eduardo Urbano o la esperanza de Sillitoe.

Le gustaba el whisky Dyc
y la Mahou bien tirada,
la última vez que lo vi
... nunca me despedí
por si el tiempo nos cruzaba.

Edu era un madrileño 
que encajó bien en Marbella
cuando éramos pequeños,
y aún escribías los sueños
dentro de una botella.

Un portento pal deporte,
una sonrisa castiza,
yo espero que no le importe
que estos ripios le recorte
y no acaben en ceniza,
por cuando yo iba a la corte,
y tocando el picaporte
siempre daba la paliza.

Yo le dejé un cuento
que aún no me devolvió,
un corredor al viento,
que aún seguirá leyendo
y que al final lo forjó,
(y Sillitoe está contento
porque Edu lo acogió)

Espero que no esté viejo,
cuando pronto vuelva a verlo,
y rompamos la baraja,

y allí con "Corre, conejo",
dos cervezas de estraperlo
por la Plaza de la Paja.