Hacíamos judo juntos
cuando éramos dos chiquillos,
cuando eras feliz y punto,
cuando no había más asuntos
que vagar con el hatillo,
Tenía una sonrisa franca
que debe seguir teniendo,
ansiaba tener una banda
y hacer carretera y manta
cuando diera los conciertos,
Silbaba Radio Futura
mientras sacaba el kimono,
y tocaba partituras
sentado en la misma postura
hasta que encontraba el tono,
Y es que hay gente en esta vida
que vaga con rumbo perdido,
y hay otros que ya en la salida
enfilan por la avenida
con su sueño ya elegido,
con una guitarra ceñida,
dos púas descoloridas
y saben a qué han venido.
Lo vi esta tarde en Granada
en una silla de ruedas,
por la barbilla las babas
y perdida la mirada,
con su madre por la acera.
No sé la edad que tenía,
la madre creo que dos mil,
lloraba y de pronto reía,
daba saltos y gemía,
... y verlo era sufrir.
Sufrir por ese chaval
postrado en una silla,
... parálisis cerebral,
nada más que declarar,
caer en la peor casilla.
Sufrir por esa madre
con la mirada perdida,
maldito destino cobarde;
Dios en el cielo la guarde
al terminar la partida.
¿Pa qué viniste a este mundo,
si no puedes disfrutarlo?
o quizás no sea absurdo,
y de un modo tan burdo
tú nos hagas apreciarlo.
Yo estos versos te junto,
solo te vi un segundo;
pero no puedo olvidarlo.
Lo que a mí más me gusta,
si quieres que te lo diga,
es cuando la gente se junta
lejos de la hora punta
en torno de una comida,
y nos cambiamos preguntas
y nos contamos la vida
mientras la noche despunta
y el sol vuelve a su guarida,
los platos que vienen y van,
la gente que vuelve a mirarse,
y ese vino que al brindar,
como un papel celofán,
hace las copas mancharse,
reír, mirarse y hablar,
y al despedirse, abrazarse,
para volver a quedar
otro día para almorzar,
y nada más verte llegar
me digas: ¿"quillo, que jase"?