Cuentan que un 11 de enero, que era un día plomizo, en medio de un aguacero regalaron dos baberos a unos padres primerizos. Cuentan que la cigüeña no la traía equipaje, dicen que por más señas, su abuelo, que todo pergeña, en una caja risueña con cuidado de que encaje, puso a mano las señas con un precioso embalaje. Y cuentan en los Meléndez, que causa muy buena impresión, que esta niña tiene duende, y ellos de eso sí entienden, de estampado y edición. Y aquella cigüeña ya asciende, pero da un giro y se vuelve, ... y a Emma un ojo le guiñó.
Poesía empresarial
Quijote y Sancho Pérez Budia

Uno analiza y programa, y hace webs a cascoporro, y en eso Carli es un genio, El otro carda la lana, nunca pide socorro, y siempre fue más bohemio, Mas lo que los dos ignoran ... y para eso estoy yo, es que una calculadora puede mirarte el slot, o una programadora petarte una punto.com; pero lo que Dios adora es verlos jugar al golf, y ver que la cosa mejora, que todo tiende a mejor, y los silencios de otrora el tiempo se los llevó, y el campo de golf llora viendo a Rafa con su bola y que Carlos se le unió.
Dos abuelos en un banco

Dos abuelos en un banco recordando sus batallas, ocupando los dos flancos, el uno charlando franco, el otro que escucha y calla. La historia de esta España se pierde en el sumidero, ahí dentro, entre dos pestañas, se quedarán las hazañas de estos grandes caballeros, que vivían con la cucaña de una posguerra extraña y la escalaron con huevos. Y a ese abuelo con legañas, solo otros le acompañan..., más triste que el Hombre Araña en un descampao de albero.

