Poesía empresarial

Lo que mi hija nos dijo

Lo que mi hija nos dijo
no tiene ningún desperdicio,
no tiene pre ni sufijo,
sencillo como un botijo,
y es un dogma vitalicio,

Un día se nos acercó
y dijo que comulgaba,
con lo que mi mujer y yo
desde que el sol es sol
hicimos siempre con ganas,

Me dijo: ¡papá, simplemente
quiero mirar a los ojos
y veros siempre despiertos!

y ser feliz con mi gente...,
de pisos no tengo antojo,
solo quiero un techo cierto,

ahorrar algo decente,
y el resto, hasta los despojos,
como os vi hacer a vosotros,
en viajes y en conciertos.




A un mantel

Cuadros que se encuentran alternados
en perfecta conjunción de ocre y blanco,
recuerdo de las veces que he brindado,
de la música que hemos escuchado,
ratitos de la vida en cuatro flancos.

Pedazo de tela almidonada,
donde hemos apoyado tantos vinos,
la vida que se marcha en casi nada,
y risas al final de una jornada
de amigos a los que elegí con tino.

Parece solo un trozo de algodón,
pero si un día consigues escurrirlo,
verás la vida en un fotomatón,
yo tengo en la esquinita mi jirón,
llámame si quieres compartirlo.



Madurez

Hay una edad en la vida
en que ya te suda todo,
que avanzas por la partida
con la espalda dolorida
y más peso en la mochila
que el bueno de Quasimodo.

Una edad a la que miras
todo con perspectiva,
y si quieres, pues te piras,
si no lo quieres, lo tiras,
... y ya no tragas saliva.

... una etapa singular,
a partir de los cincuenta,
en que empiezas a pasar
de la gente que aparenta,
en que el tiempo va pa´atrás
y notas que ya descuenta,
en que quieres disfrutar
siempre con gente contenta,
en que un poquito de sal
y un poquito de pimienta,

y ya sabes que al final,
lo que te vas a llevar
es lo que no está en la cuenta.