Tenía una tienda de gafas, pero él nunca la quiso, un agujero en la calva del que hizo caso omiso, y no sé si un par de casas o eran un par de pisos. Una tienda de animales con una clientela de lujo, que no tenía modales, y para colmo de males, un inspector de humedades que un día le dijo: ¡te crujo! Una hija a la que adora y a la que cuida con nota, una barca con eslora y una cuerda que no flota, si hay que tirar sin demora por si hubiera gaviotas. Y dicen que tiene un badajo colgando del pantalón que es un bordón del carajo y si hay una mujer debajo siempre le dice: ¡Perdón!
Poesía empresarial
Hoy
Hoy no tuve un accidente, no visité un hospital, tuve el calor de mi gente, y tomé un vino decente en mi copa de cristal. Los míos sé que andan bien, no padecen grandes males, yo creo que de uno al diez: "las que ... por las que salen". No fui al tanatorio esta vez, no hay guerra aún en mi calle, comí dos veces o tres, y con el mundo al revés, la verdad, es un detalle. No me abrieron una vía, hoy no vi al anestesista, creo que fue un buen día: Con todas las agonías que se cruzan por la arista, yo doy gracias porque había siempre abajo un trapecista.
El túnel de lavado (a los resilientes)

La vida es como un túnel de lavado, hay un antes y un después de echar la ficha, te crees que tienes todo controlado, que mañana será igual que pasado hasta que sufres algún día una desdicha. Te agitan y te echan el jabón, empiezan a girarte los felpudos, un cáncer, un ataque al corazón, un despido, una separación, o algo con los niños, que es peor, y te sientes impotente y aún desnudo. Y después de aquél secado en que al final alumbra el sol después de la tormenta, La vida te ha enseñado que da igual y que no es más feliz quien aparenta, Que hay que dejar de lado lo banal (las cosas que de amor están exentas)

