Estuve en el Fin del Mundo,
donde se acaba la Tierra,
donde hay un abismo profundo
y el agua se pliega y se cierra.
Había unas botas quemadas,
una cruz y un faro antiguo,
la tarde te pasa en nada,
no te abarca la mirada,
allí tu tiempo es exiguo.
Estuve en el Fin del Mundo,
que es un sitio medio zen,
y había al fondo una placa,
Con un aforismo rotundo:
¡La cosa pinta muy bien;
pero si puedes, te escapas!
Uno recala en el mundo
con solo un reloj de arena,
y antes que te dé un chungo
intentas que sea fecundo
el tiempo de la faena.
Aprovechar los ratillos,
rodearte de cariño,
dejar abierto el pestillo,
disfrutar como chiquillo,
no dejar de ser un niño.
Hay gente con mala suerte
que abandona la partida
porque lo llama la muerte,
que de pronto hizo un ERTE
sin que nadie se lo pida.
Y si no era ya jodido,
postergar cuando te entierran,
siempre ha habido mal nacidos,
(da igual el país o el partido)
que provocan una guerra,
... y en joder lo conseguido
se empecinan y se emperran.
Era un poeta pastor
que casi no fue a la escuela,
y en los años del horror
con tan solo treinta y dos
ya era dueño de una esquela.
Hizo la nana más triste
que jamás nadie escribió,
fue la respuesta que diste
a aquel hijo que no viste
pues alguien te encarceló.
Y en medio de tanto congojo,
tu poema más profundo,
escrito con rabia y enojo,
pues pan y cebolla a remojo
comía tu hijo moribundo,
y hastiado en un calabozo,
le escribiste, furibundo:
"Es tu risa en los ojos,
la luz del mundo",
son los versos que yo escojo,
no hay nada más cierto y rotundo.