Poesía empresarial

A Manolo, o la envidia de Hemingway

Era un tipo autodidacta,
de esos que nunca se rinden,
que te embestía con las astas
y no sabía decir ¡basta!
si hablabas de vino los findes.

Rebosaba de pellejo,
y era un tirilla canijo,
pero si hablamos de hollejos,
... Manolo era, de lejos,
nuestro sabio más prolijo,

En cuanto llegaba el viernes,
se acercaba a su bodega,
cogía cualquier vino en ciernes
y nunca le deja que hiberne,
ya lo ha servido el colega.

De todos los vinos sabía
y a todos se encomendaba,
y después que los bebía,
contigo los compartía
y te los recomendaba.

Dicen que a Ernest, en el lecho,
lo vieron un día hablando solo:
¡no hay nada que no haya hecho,
soy famoso por derecho
y me voy sacando pecho,
disfruté más que el Pocholo!

¡solo estoy insatisfecho
de que hubiera tocao techo
... de abrir una con Manolo!


A David Bravo (mirando al Norte)

Tenían una tienda en las Peñuelas,
los tiempos en que yo subía la cuesta,
cargado con mis libros a la escuela,
sumido en una triste duermevela,
sin ganas de escuchar a la maestra.

Se hizo experto en fundas para dientes,
y vino de Madrid con sus estudios,
pero un día le dijeron ¡vente!,
y decidió seguir a aquella gente
y dejar a los dentistas, sin repudio.

Y un día frisando los cincuenta
como dicen que tenía don Quijote,
cogió un buen día a su parienta,
y juntando la sal y la pimienta,
templaron con buen éxito el capote.

... y hoy tienen a Lucas y a Lucía,
creo que es feliz con su consorte,
y dicen que regentan con maestría,
una mezcla entre taberna y sidrería,
un sitio chulo al que han llamado Norte.



Un Poema

A veces miro al frente y no veo nada,
la gente que camina como loca,
la peña que va toda ensimismada,
la rutina que se ríe a carcajadas,
el tedio que amilana y que te enroca.

Y entonces doy las gracias porque hoy
de nuevo en mi cabeza hubo fumata,
los versos que pergeño te los doy,
llevo una pluma siempre a donde voy,
disculpas por si hubiera alguna errata.

Y en estos tiempos locos que vivimos,
si conseguí salvarme de la quema,
yo fui buscando cómodo y con tino,
los versos que me salen al camino,
sin un bosquejo previo ni un esquema,
tratando de ir hilando siempre fino,
y dar por concluido otro poema.