Poesía empresarial

A Pilarica, o la envidia de Doraemon

      Mi amiga llegaba a la playa
      con familia numerosa,
      sillas, neveras, toallas
      ... y unos vasitos rosas.
      Un yate que en nada infla
      y sobre el agua lo posa,
      no había nada que pidieras
      y no tuviera esa cosa.

      Se giraba, te daba la espalda
      pa' que no vieras la clave,
      y en un pliegue de la falda
      ella escondía la llave.
      Dónde cabían tantas cosas,
      eso... nadie lo sabe.

      El otro día a Doraemon
      lo vieron llorando en la orilla,
      se había quedao sin stock
      y Pilar le dejó una sombrilla.

      Y ya he escuchado rumores
      aunque de eso nadie hable
      que un día miró el horizonte
      tan liso que fue imperdonable
      ... se giró, sacó la llave
      y montó la torre del cable, 
      que se ha quedao como icono
      y nadie sabe que es plegable.

A Juan, de Casa Santi

Pelo liso, ojos saltones,
en buena barrica francesa,
y a la vuelta del Frank's Corner
lo hallas sentado a una mesa,

Vende licores y vinos
a Sierra Blanca y Zagaleta,
y es que vive entre taninos:
blancos con toques marinos,
tintos con tonos violetas.
Un tipo con mucho tino
que no tiene versión beta

En sus tiempos de asueto,
baja un rato a la piscina
... y ve nadar a su sirena,

Lo ves allí medio quieto,
con un cava en la cocina
que está enfriando Lorena.

Tomarse un Tondonia cetrino
en mi cumple de pureta
con un asadito argentino
cuando Gerard te lo peta
es algo que yo defino
como el culmen de un poeta.

A Esther Merino (la más grande de las niñas)

Hay seis en Impresiona;
pero solo una en Banderas,
se sienta al final de la zona,
más que hablar, ella pregona,
por si alguien no la oyera,

Coge el teléfono al vuelo
y da respuesta al cliente,
de banderas sabe un huevo,
de medidas y modelos,
si dejas que te lo cuente,

Sí señor, tengo el pedido,
aquí lo tengo anotado,
lo hizo usted desde Vigo,
desde un concejo apartado,
el porte ya va en camino,
es que debe de estar nublado,

… Y así pasa la mañana
la más grande de las niñas.
Esther es como esa hermana
mayor que va haciendo piña,
y sabrás si está alterada
si un día la ves callada
haciendo la “chascarriña”.