La verdad..., ¡nunca le vi!,
y tampoco tuve trato;
pero creo que el pedigrí
no necesita alegato.
Tenía una casa en Marbella
y un paraíso en Pechón,
un genio en una botella
que le daba inspiración,
y ahora este genio resuella
huérfano de el escritor,
buscando él solo las huellas
de la figura aquella
que en Bolivia fue pintor.
Una mirada vetusta,
amigos por do quiera,
un polo del Masters de Augusta
que no lo lleva cualquiera.
Marbella es hoy más adusta
desde que Arturo se fuera.
Me parece cosa justa
que a los que Pechón me cedieran,
aunque el momento no gusta
hoy las gracias yo les diera.
Andrés y Mariajo...
los amigos que yo escojo
para mandar al carajo
mis mochilas, mis despojos,
y perdernos por atajos
viajando en un Dacia rojo.
... Cafelito mañanero
a recaudo de un buen toldo,
en un ambiente sincero
al que enseguida me amoldo,
y de noche un cocinero
con carne sobre rescoldos.
Cruzar para Portugal;
pero a la parte profunda,
la radio que suena mal,
la calma que nos inunda,
tomarte una Sagres glacial,
charlar con la gente oriunda.
La parrilla en un rincón,
un niño con una pelota,
tres bicis con poca presión,
un jacuzzi con capota,
dos niñas que ya no lo son
y dos parejas de sotas.
Una abuela en una silla
vigilando una cochera,
una hermana pachuchilla
que ahora no viene a la acera.
¡Compra churros y lazillos,
... y agua pa´ la nevera!
Y después de estos ratillos,
salga el sol por Antequera.
Moraleja, Villa plana
donde acudo cada estío;
me vale con una semana
lejos de las tanganas,
del bullicio y del gentío,
como un Rodrigo Triana
en busca de un fresco río.
Metida en la Sierra de Gata
... y al lado de Portugal,
siempre fue mi fé de erratas,
mi epílogo, mi postdata,
el asueto que rescata
con toalla y con bañata,
con tres tapas y dos latas,
con gente sana y jovial.
Donde mi mente aquilata,
como los posos de nata
lo importante y lo esencial.
Hago al irme una fogata
y rezo porque haya fumata
y pueda otra vez regresar.
Y por la Vía de la Plata
torcer por Cañaveral.