Poesía empresarial

A Ángel López ( o el asidero de Claudia )

Tenía un cuartito pequeño
decorado con esmero,
ordenaba con empeño
los deberes de la Seño,
los cuernos de un toro isleño
que compró en los mentideros,
una montera sin dueño
… y su traje de torero.


Si Claudia no tiene sueño,
él le hace de escudero.
Yo estos versos le pergeño
a este su amigo sincero
que nunca frunce su ceño
y que le hace de asidero.

A Aitor Macías ( Kaixo )

Este era un vasco extraño,
sonriente, noble y jovial,
nadie lo vio nunca huraño,
nadie lo vio nunca mal,
que esperaba cada año
del largo curso el final
para bajar los peldaños
de dos en dos al portal,
decirle adiós al rebaño
tras el examen final
y sin embustes ni engaños
pegarse un verano brutal.

Willy Fog era ermitaño 
comparao con el chaval.


Apareció una mañana
en un albergue de Agés,
bajó con su hermana Maika
y me dijo: ¡ Kaixo, pues !

Egunon, geroarte, orona,
ongietorri dije yo,
puestos a hablar euskera
¡ a mi no me gana ni Dios !

Congeniamos al momento,
era una pareja sana,
creía que estaban casados
y resulta que era su hermana

Gente sencilla y buena,
de esa que ya no queda,
ahora que ni tu vecino
te saluda en la escalera

Fue aquél un desayuno
en esa santa cocina,
en que el tiempo se paró
y Dios nos miró desde encima

Al separarnos después
y aunque estuviera feo,
para seguir en contacto,
yo le pedí su correo

Aguirretxeurdangarín
@arguiñanopatxikoldo;
pero allí en San Sebastian
Aitor me llaman todos

Con Maika un verano
estuvimos a punto de vernos,
y con Aitor tengo una birra
aunque sea en el Juicio Eterno.

Si al final nos la tomamos,
… las agujas lo dirán,
y más tarde o más temprano
conoceré a su hijo Harán.

A Juan Camarero González ( entre niños y peroles )

Tenía la frente desierta
y dos ojos bien saltones.
Tenía la mirada despierta
y era una persona abierta.
¡Siempre se van los mejores!

Tenía una voz prominente
como de cabo o sargento,
mujer e hijos decentes,
y de pronto y de repente,
el azúcar en quinientos.

Tenía una cara bien dura
y te hacía caso omiso
cuando llegaba la cura.
Y por Marbella aún perdura
su toque para los guisos.

Tenía, y lo sigue teniendo
su vendaje y su bastón,
y allí donde el cielo eterno
dicen que lo anda blandiendo
si alguien quiere su sillón.

Y tiene por estos caminos
a los cinco y su Pepita,
nietos, amigos, sobrinos:
¡ lo que se da, no se quita !

Y éste, y con esto termino,
al que Ud limpió de espinos
y me dio dos palmaditas.

Si algún día va al endocrino
... y le pilla de camino,
le espero en La Morenita.